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'La camiseta no se mancha': la historia del símbolo que une más allá de la política

Del azul de 1962 al amarillo que hoy llena estadios y calles, la camiseta colombiana guarda décadas de historia y memoria colectiva.

Historia de la camiseta de la Selección Colombia. - Crédito: Imagen creada con IA
María Fernanda Sierra
María Fernanda SierraPeriodista
05 JUN 2026 - 15:53Actualizado: 05 JUN 2026 - 16:06

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En medio de la controversia política que en los últimos días ha enfrentado a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda por el uso de la camiseta de la Selección Colombia, surge una pregunta que trasciende la coyuntura: ¿puede un símbolo nacional quedar atrapado en una disputa política?

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La reflexión remite inevitablemente a una de las frases más célebres en la historia del fútbol. El 10 de noviembre de 2001, durante su partido de despedida en La Bombonera, Diego Armando Maradona tomó el micrófono para dirigirse a miles de seguidores. Después de reconocer los errores que había cometido a lo largo de su vida, pronunció una sentencia que quedó grabada para siempre en la memoria deportiva: "Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha". Desde entonces, la frase se convirtió en una defensa de aquello que trasciende las disputas personales: el fútbol como patrimonio colectivo.

Más de dos décadas después, la discusión colombiana parece tocar una fibra similar. Porque, más allá de las posiciones ideológicas, la camiseta de la Selección Colombia representa algo que trasciende cualquier coyuntura política.

¿Cómo nació la camiseta que hoy une a millones de colombianos?

Aunque hoy resulta imposible imaginar a Colombia sin su tradicional camiseta amarilla de la Selección Colombia, la historia del uniforme nacional ha pasado por varios colores antes de convertirse en el símbolo que conocemos.

Los primeros equipos que representaron al país en las décadas de 1930 y 1940 utilizaron uniformes azules y blancos. Posteriormente apareció una camiseta blanca con una franja tricolor que evocaba la bandera nacional.

En el Mundial de Chile 1962, la Selección Colombia vistió una camiseta azul oscuro, la misma con la que protagonizó uno de los momentos más recordados de su historia: el empate 4-4 frente a la Unión Soviética y el inolvidable gol olímpico de Marcos Coll, único en la historia de los mundiales.

A comienzos de los años setenta llegó otro uniforme que todavía despierta nostalgia entre los aficionados: la camiseta naranja o "zapote". Con ella, Colombia disputó la Copa América de 1975 y alcanzó el subcampeonato continental, uno de los primeros grandes logros internacionales del fútbol colombiano.

Sin embargo, fue durante la década de 1980 cuando la Federación Colombiana de Fútbol decidió construir una identidad visual basada directamente en los colores de la bandera nacional. En 1985, la diseñadora colombiana María Elvira Pardo creó un uniforme inspirado en el amarillo, azul y rojo del pabellón nacional, un diseño que marcó el inicio de la llamada "era tricolor" de la Selección Colombia. Aunque la camiseta principal de aquel uniforme era roja, la propuesta sentó las bases para que, pocos años después, el amarillo se convirtiera en el color predominante del equipo nacional. Así nació la imagen que terminaría acompañando a generaciones enteras de colombianos.

¿Por qué una camiseta puede convertirse en un símbolo nacional?

Las camisetas deportivas suelen ser prendas comunes hasta que la historia las transforma en símbolos.

La de la Selección Colombia ha estado presente en algunos de los momentos más felices del deporte nacional. La vistieron Carlos Valderrama, Freddy Rincón, René Higuita y Faustino Asprilla durante la generación que llevó al país a tres mundiales consecutivos. También la portaron James Rodríguez, Radamel Falcao García y David Ospina en el histórico regreso a las Copas del Mundo durante el siglo XXI.

Pero quizá su verdadero valor no radica únicamente en los triunfos. La camiseta de Colombia ha acompañado celebraciones en plazas públicas, reuniones familiares, partidos improvisados en barrios y pueblos, así como momentos de unión nacional que pocas veces se repiten en otros escenarios.

Por eso, cuando Colombia juega, la camiseta deja de ser una simple prenda deportiva. Se convierte en una especie de lenguaje común que permite que personas con ideas, edades y realidades distintas celebren bajo un mismo color.

Tal vez por eso cada generación termina apropiándose de ella. Unos recuerdan la azul de 1962, otros la naranja de los años setenta y muchos crecieron con la amarilla que hoy domina los estadios y las calles.

La discusión política actual seguramente pasará, como han pasado tantas otras. Lo que permanece es el significado cultural de la camiseta de la Selección Colombia, construido por millones de aficionados durante décadas.

Y quizá ahí radica el sentido de aquella frase que Maradona pronunció hace 25 años y que hoy vuelve a resonar en el debate público: los protagonistas cambian, las controversias terminan, pero hay símbolos que aunque estén en el centro de la conversación jamás se mancharán.

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