Videos, audios y cadenas con IA: la desinformación que sacude la campaña presidencial
Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, la Misión de Observación Electoral identificó 150 campañas de desinformación en redes sociales.

A medida que se acerca la jornada presidencial, el ecosistema digital se llena de contenidos sobre las elecciones. En redes sociales, miles de publicaciones circulan cada día y llegan de forma masiva a los usuarios. Sin embargo, no toda la información es confiable. Una parte importante de estos mensajes busca provocar reacciones emocionales como indignación, enojo o miedo.
Las campañas de desinformación han evolucionado de forma significativa. A diferencia de procesos electorales anteriores, hoy la inteligencia artificial permite crear contenidos cada vez más sofisticados. Textos, audios, imágenes y videos pueden ser manipulados con tal nivel de realismo que distinguirlos resulta cada vez más complejo.
Esta tecnología no solo facilita la creación de piezas engañosas, sino que también permite amplificarlas y dirigirlas a audiencias específicas. Así, los mensajes falsos logran expandirse con rapidez y generar mayor impacto en la conversación pública.

La IA ha elevado la sofisticación de la desinformación con audios, videos e imágenes difíciles de detectar. Freepik
Un fenómeno que crece en cifras
Un informe preliminar de la Misión de Observación Electoral (MOE), conocido por este medio, identificó 150 campañas de desinformación entre marzo de 2025 y marzo de 2026. Estas acciones no son aisladas: responden a al menos 15 narrativas que agrupan contenidos con mensajes similares.
El análisis se basó en publicaciones previamente verificadas por organizaciones de fact-checking, como AFP Factual responsable del proyecto El Filtro en alianza con El Tiempo y otros medios. En promedio, se detectaron 15 campañas mensuales, siendo febrero el mes con mayor actividad, con 27 casos.
Casos que evidencian el problema
Entre los ejemplos más llamativos aparece un audio atribuido falsamente al registrador Hernán Penagos, en el que se habla de un supuesto fraude electoral. El contenido, creado con inteligencia artificial, superó miles de reproducciones.
También circuló un video manipulado en el que figuras políticas como María Fernanda Cabal y Miguel Polo Polo supuestamente respaldaban a un candidato, algo que nunca ocurrió. Este tipo de piezas logra viralizarse rápidamente debido a su apariencia creíble.
No todos los casos requieren tecnología avanzada. En varias ocasiones, basta con modificar el contexto de una declaración. Así ocurrió con contenidos relacionados con Iván Cepeda o Álvaro Uribe Vélez, en los que se editaron entrevistas o se sacaron frases de contexto para construir narrativas engañosas.
Muchas veces no se inventan hechos nuevos, sino que se distorsionan los que ya existen.
Misión de Observación Electoral
Ya es como hora que la senadora Cabal renuncie al CD y se una a la campaña ganadora del 🐅 Abelardo 🇨🇴🗳️🇨🇴 pic.twitter.com/g967Nkz15F
— Rodrigo Posso (@rodrigoposso) March 17, 2026
¿Quién está detrás y qué buscan?
Los expertos coinciden en que la desinformación responde a intereses concretos. Los contenidos falsos suelen diseñarse para influir en la percepción ciudadana, aprovechando emociones y polarización.
En muchos casos, no se trata de inventar hechos, sino de reinterpretarlos. Es decir, tomar información real y modificarla mediante exageraciones, omisiones o cambios de contexto para alterar su significado.
Un terreno fértil en elecciones
Los periodos electorales facilitan la propagación de este tipo de contenidos. La intensidad del debate político, sumada a la disputa por el poder, convierte a las redes sociales en un espacio propicio para la manipulación informativa.
De acuerdo con el análisis, el 75,3 % de las campañas identificadas buscaban distorsionar hechos reales. Otras estrategias incluían desacreditar fuentes confiables, generar divisiones políticas o desviar la atención hacia otros temas.
Además, una gran parte de estos contenidos estaba dirigida directamente a candidatos o actores políticos, con el objetivo de afectar su imagen o beneficiar a determinados sectores.
Plataformas y brechas digitales
El informe también evidenció que Facebook concentra la mayor cantidad de desinformación, seguido por X, Instagram y TikTok. Sin embargo, el fenómeno es más difícil de rastrear en plataformas de mensajería privada, donde las cadenas se difunden sin control.
A este panorama se suma la falta de habilidades digitales en la ciudadanía. Estudios recientes muestran que una gran proporción de colombianos no cuenta con herramientas suficientes para verificar la información que consume.
En jóvenes, por ejemplo, se ha identificado un alto nivel de exposición a redes sociales, pero baja capacidad para distinguir contenidos falsos. En adultos mayores ocurre algo similar, aunque son quienes más tienden a compartir este tipo de información.
El diagnóstico coincide con reportes que advierten que el país aún presenta niveles básicos de alfabetización digital. Aunque el acceso a internet ha crecido, esto no necesariamente se traduce en habilidades para analizar críticamente la información.
En un entorno marcado por la sobrecarga informativa, la verificación individual se convierte en una herramienta clave. Contrastar fuentes, evitar compartir contenido dudoso y acudir a medios confiables son acciones fundamentales para frenar la desinformación.
