Colombia se está quedando sin gas: hay presión y las cifras que preocupan al país
Colombia tiene menos reservas de gas, depende más de las importaciones y enfrenta riesgos que podrían presionar las tarifas de los hogares.

El gas natural que utilizan millones de hogares colombianos para cocinar, calentar agua y desarrollar actividades comerciales enfrenta un escenario cada vez más complejo y es que el país tiene menos reservas, produce menos gas y depende más de las importaciones para garantizar el suministro. El gas natural sigue llegando a las viviendas, pero el margen de seguridad del sistema se ha reducido y eso podría tener consecuencias sobre las facturas, la industria y el costo de vida.
La alerta está contenida en el Informe del Sector Gas Natural 2026 de Promigas, documento que advierte que Colombia debe acelerar las decisiones para evitar un déficit estructural de este energético. El informe no afirma que vaya a presentarse un aumento generalizado e inmediato en el recibo del gas, pero sí identifica varios factores que podrían presionar los costos en el futuro y la caída de la oferta nacional, la necesidad de importar más gas, las restricciones de transporte y la incertidumbre sobre nuevas inversiones.
Uno de los datos más preocupantes está relacionado con las reservas probadas, pues entre 2021 y 2025, Colombia pasó de tener 3.164 gigapiés cúbicos de gas natural a 1.717 gigapiés cúbicos. Esto representa una reducción del 46 % en apenas cuatro años. En otras palabras, el país cuenta hoy con cerca de la mitad de las reservas probadas que tenía al comienzo del periodo analizado.
¿Por qué el gas natural en Colombia puede terminar afectando el bolsillo?
El problema no consiste únicamente en que haya menos gas bajo tierra, sino que la dificultad está en que la producción nacional también se ha reducido y el país necesita recurrir cada vez más a fuentes externas para cubrir la demanda. Entre 2021 y 2025, la producción comercializada cayó de 395 a 290 gigapiés cúbicos, una disminución cercana al 27 %.
Esto permite mantener el suministro, pero introduce nuevos riesgos para el mercado colombiano. El precio del gas importado depende de factores internacionales, de la disponibilidad de buques, de la infraestructura de regasificación, de la tasa de cambio y de las condiciones del mercado mundial. Por eso, cuando Colombia depende más del gas comprado en el exterior, también queda más expuesta a variaciones que no controla directamente.
El informe señala que, en lo corrido de 2026, el gas importado representó el 28 % del suministro total. En agosto, esa participación llegó al 34 %. Esto significa que aproximadamente uno de cada tres volúmenes de gas que ingresaron al sistema durante ese mes provino del exterior. La cifra muestra hasta qué punto las importaciones dejaron de ser un recurso complementario para convertirse en una pieza importante del abastecimiento nacional.
¿Qué pasará con el precio del gas en Colombia?
Aunque no se puede afirmar que la dependencia de las importaciones sea la única causa del aumento de las facturas, las cifras de Promigas muestran que el costo del servicio residencial ha crecido en los últimos años.
Para un hogar de estrato 1 con un consumo de referencia de 20 metros cúbicos mensuales, la facturación promedio pasó de $ 17.644 en diciembre de 2021 a $ 25.456 en diciembre de 2025. Esto representa un aumento aproximado de 44 %, equivalente a $ 7.812 más frente al promedio registrado cuatro años antes.
En los estratos 3 y 4, el promedio de la factura pasó de $ 45.018 a $ 63.894 durante el mismo periodo. El incremento fue de aproximadamente 42 %, es decir, cerca de $ 18.876 adicionales frente al valor promedio de diciembre de 2021.
Colombia tiene menos reservas, pero también menos margen para responder
El panorama se vuelve más delicado porque la caída de las reservas ocurre al mismo tiempo que disminuye la producción nacional. En 2025, la incorporación total de nuevas reservas probadas fue negativa con -58 gigapiés cúbicos. El informe explica que este resultado estuvo relacionado con revisiones técnicas, la producción del año y la falta de nuevas incorporaciones suficientes para compensar el gas extraído.
A primera vista, el indicador de reservas frente a producción parece mostrar cierta estabilidad. En 2024 y 2025, el factor reservas/producción se ubicó en 5,9 años. No obstante, Promigas advierte que esa estabilidad es aparente tanto las reservas como la producción cayeron en proporciones similares, por lo que el indicador permaneció prácticamente igual.

Screen de Informe de Promigas.
Esto quiere decir que el país no está necesariamente en una situación más segura. El sistema tiene menos reservas y produce menos gas, pero la relación matemática entre ambos indicadores no refleja por sí sola la gravedad del deterioro. Si la demanda se mantiene o aumenta, la presión sobre el abastecimiento podría intensificarse.
A esta situación se suman las restricciones de transporte entre la Costa Caribe y el interior del país. Tener gas disponible no garantiza que pueda llegar oportunamente a todas las zonas. La infraestructura debe contar con capacidad suficiente para mover el energético desde los puntos de producción o importación hasta los hogares, las empresas y las plantas de generación eléctrica.
¿Qué puede pasar con las tarifas y el servicio?
El riesgo más inmediato no es necesariamente que todas las facturas suban de un día para otro. El escenario que plantea el informe es más complejo: si aumenta el costo del suministro, si se presentan restricciones de transporte o si se reduce la oferta disponible, podrían generarse presiones sobre las tarifas y sobre la continuidad del servicio en determinados segmentos.
Promigas también advierte que una menor demanda puede terminar aumentando las tarifas de las actividades monopólicas. La explicación es que, cuando menos usuarios consumen gas, los costos de infraestructura y operación deben distribuirse entre una demanda más pequeña. Esto puede producir un efecto en cadena: precios más altos, menor consumo, menor aprovechamiento de la infraestructura y nuevas presiones sobre las tarifas.
La industria ya muestra señales de debilidad. Entre enero y agosto de 2026, la demanda no térmica de gas cayó en 58 GBTUD, equivalente a una reducción del 7 %. El sector industrial registró una caída del 23 %, seguido por el gas natural vehicular y el sector petrolero
Para los consumidores, esto puede tener una consecuencia indirecta. Si las empresas enfrentan mayores costos energéticos, pueden trasladar parte de esa presión a los precios de bienes y servicios. El impacto no necesariamente aparecería en el recibo del gas, sino también en productos fabricados con gas, alimentos procesados, transporte, servicios comerciales y otras actividades que dependen de este energético.
El sistema de subsidios también enfrenta una presión creciente
Otro punto que afecta directamente a los hogares es la sostenibilidad de los subsidios. En 2025, el esquema destinado a los usuarios de estratos 1 y 2 registró subsidios por $ 1,56 billones, mientras que las contribuciones de otros usuarios sumaron apenas $ 214.148 millones. La diferencia fue de $ 1,35 billones.
¿CUÁL ES EL ESTADO DEL GAS NATURAL EN COLOMBIA?
— Promigas (@promigasoficial) September 15, 2026
Aquiles Mercado presenta las cifras que explican la caída de la oferta nacional y el crecimiento de las importaciones.
Entre 2021 y 2025, el déficit acumulado del sistema de subsidios y contribuciones llegó a $ 8,2 billones. El informe advierte que esta brecha tiene características estructurales y que el modelo depende cada vez más de recursos del presupuesto público.
En 2025, los pagos del Gobierno Nacional para este esquema alcanzaron aproximadamente $ 1,08 billones. Sin embargo, el documento señala que la diferencia entre los subsidios facturados y las contribuciones recaudadas no fue cubierta completamente con esos recursos, lo que evidencia rezagos en los pagos a las empresas del sector.
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Este asunto es relevante porque los subsidios ayudan a contener el valor de las facturas de millones de familias. Si el Estado no garantiza los recursos suficientes o si la presión financiera aumenta, el sistema podría enfrentar dificultades para mantener el nivel de apoyo actual. Eso no significa que los subsidios vayan a desaparecer de inmediato, pero sí muestra que su sostenibilidad requiere decisiones presupuestales y regulatorias.

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