Venezuela vuelve al negocio petrolero con EE. UU.: ¿amenaza para Colombia?
El acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela despierta dudas en Colombia, aunque el mayor riesgo para el país estaría en sus reservas.

El acuerdo petrolero alcanzado entre Estados Unidos y Venezuela reavivó las dudas sobre el futuro del mercado energético regional y sobre el lugar que podría ocupar Colombia si Caracas consigue recuperar una parte importante de la producción que perdió durante las últimas décadas.
Para Juan Pablo Agudelo, experto en hidrocarburos consultado por Minuto60, el escenario debe analizarse con cuidado porque el regreso de Venezuela sí representa un movimiento importante para la región, aunque no significa que Colombia vaya a perder automáticamente compradores o que el aumento de la oferta venezolana vaya a derrumbar los precios internacionales. El problema colombiano, según su análisis, está mucho más cerca y tiene que ver con la necesidad de garantizar nuevas reservas mientras otros países intentan recuperar el interés del capital petrolero.
Venezuela llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios durante la década de los noventa, pero las sanciones, la desinversión y el deterioro progresivo de su infraestructura llevaron la producción a niveles inferiores a los 500.000 barriles diarios en 2021. Desde entonces comenzó una recuperación gradual y en 2025 logró cerrar nuevamente por encima del millón de barriles diarios, mientras que las cifras conocidas para 2026 muestran que el país mantiene una producción superior al millón de barriles.
¿Qué tan grande es el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela?
El acuerdo anunciado a finales de agosto contempla un proyecto conjunto de largo plazo sobre 17 campos petroleros y cerca de 65.000 millones de barriles de reservas, equivalentes aproximadamente a una quinta parte de las reservas del país. Estados Unidos tendría una participación mayoritaria dentro del negocio y acceso al crudo venezolano bajo condiciones económicas favorables, mientras la meta declarada apunta a superar los 1,5 millones de barriles diarios con inversiones que podrían llegar a los US$ 100.000 millones.
La apertura también incluye licencias específicas que permiten operaciones de compañías como Chevron, Shell, BP, Eni, Repsol y Maurel & Prom, aunque esto no representa un levantamiento completo de las sanciones estadounidenses contra Venezuela. Se trata de excepciones controladas para determinadas actividades y empresas, una diferencia importante para entender el alcance real del acuerdo y las limitaciones que todavía enfrenta la industria petrolera venezolana.

Agudelo considera que el anuncio tiene un peso histórico y puede acelerar la recuperación de Venezuela, pero advierte que los números proyectados todavía deben pasar por una prueba mucho más compleja: la capacidad real de recuperar una infraestructura petrolera que sufrió años de abandono y falta de inversión.
Mi lectura técnica es optimista, porque claramente es un paso relevante, pero no instantáneo. Reactivar 17 campos con años de deterioro de infraestructura, fuga de talento técnico y litigios de expropiación pendientes toma tiempo.
Juan Pablo Agudelo
La expectativa de llevar nuevamente la producción venezolana hacia niveles mucho más altos tampoco debería interpretarse como un resultado inmediato. La recuperación de campos maduros exige inversión, tecnología, personal especializado y condiciones jurídicas estables para las compañías que decidan entrar al país.
“Duplicar la producción no se logra en meses; el propio anuncio habla de dos años para acelerar resultados y la historia reciente de PDVSA invita a la prudencia sobre los plazos”, dijo.
¿Más petróleo venezolano significa menos espacio para Colombia?
La primera preocupación para Colombia aparece por la relación histórica entre Estados Unidos y Venezuela. Las refinerías de la Costa del Golfo estadounidense tienen experiencia procesando crudos pesados similares a los que produce Venezuela y la cercanía geográfica convierte al país vecino en un proveedor atractivo frente a productores ubicados en otras regiones del mundo.
Aun así, Agudelo considera que el impacto inmediato sobre Colombia sería limitado. Venezuela puede aumentar su producción y recuperar mercados, pero eso no significa que cada barril venezolano vaya a reemplazar directamente un barril colombiano, ni que Estados Unidos tenga que abandonar sus compras a productores tradicionales.
La preocupación tampoco debería centrarse exclusivamente en un eventual descenso del precio internacional del petróleo. Incluso si Venezuela logra alcanzar una producción de 1,5 millones de barriles diarios, ese volumen seguiría siendo pequeño frente a una demanda mundial cercana a los 103 millones de barriles diarios.
“En precios internacionales, el efecto de corto plazo es limitado. Aun llegando a 1,5 millones de barriles diarios, Venezuela seguiría representando menos del 1,5% de la demanda mundial; no es volumen suficiente para mover el Brent por sí solo, salvo que se sume a decisiones más amplias de la OPEP”, explicó.
Esto significa que el regreso venezolano tendría una importancia mayor en términos regionales y geopolíticos que como detonante individual de un cambio brusco en las cotizaciones internacionales. Un escenario diferente podría surgir si el aumento de la producción venezolana coincide con decisiones de otros grandes productores para incrementar la oferta, aunque ese sería un fenómeno mucho más amplio que el acuerdo firmado entre Washington y Caracas.
Colombia produce menos petróleo que hace una década
Mientras Venezuela intenta recuperar su capacidad petrolera con nuevas inversiones, Colombia enfrenta una situación propia que preocupa más al sector. El país actualmente produce alrededor de 740.000 barriles diarios, una cifra cercana a 25 % menos frente a los niveles alcanzados en 2014, cuando la producción nacional superaba el millón de barriles diarios.
Para Agudelo, ahí se encuentra la principal diferencia entre el debate venezolano y el colombiano. Caracas busca recuperar campos y volver a atraer capital, mientras Colombia necesita garantizar que podrá encontrar y desarrollar nuevos recursos para reemplazar los barriles que dejan de producir los campos maduros.
Colombia enfrenta un reto propio más urgente que la competencia venezolana: bombeamos 740.000 barriles diarios, 25% menos que el pico de 2014, y ya producimos por encima de nuestro escenario de reservas probadas.
Dijo el experto
El experto insiste en que el debate energético colombiano debería concentrarse en la reposición de reservas y en las condiciones necesarias para mantener la exploración, porque la producción petrolera actual no garantiza por sí misma la sostenibilidad del sector en el largo plazo.
“Ahí está el verdadero riesgo del sector, porque en lo que debemos esforzarnos es en reponer reservas, no en preocuparnos únicamente por el regreso de Venezuela al mercado”, mencionó.
La situación tiene una importancia económica considerable para Colombia, pues el petróleo continúa siendo uno de los principales productos de exportación y una fuente fundamental de divisas, regalías e ingresos fiscales. Para 2026 se proyectan ventas externas de crudo cercanas a los US$ 17.500 millones, con Estados Unidos, Panamá y México entre los principales destinos.
La competencia venezolana, entonces, no elimina la importancia del petróleo colombiano ni supone una pérdida automática de esos mercados, aunque sí puede aumentar la disputa por inversión en una región que vuelve a resultar atractiva para las grandes compañías internacionales. Mientras Venezuela ofrece enormes reservas y la posibilidad de recuperar una producción que llegó a superar los 3 millones de barriles diarios, Colombia necesita demostrar que todavía cuenta con oportunidades suficientes para mantener el interés de las empresas.
Venezuela también puede convertirse en un aliado energético
La relación entre ambos países tampoco se limita al petróleo ya que Colombia y Venezuela tienen una oportunidad de integración energética que cobra mayor importancia por las necesidades de gas que enfrenta el mercado colombiano y por la infraestructura existente entre las dos naciones.
Desde marzo de 2026 Venezuela comenzó nuevamente a enviar gas hacia Colombia y los gobiernos avanzaron en una hoja de ruta para reactivar el gasoducto binacional Antonio Ricaurte, una infraestructura de 224 kilómetros con capacidad cercana a los 500 millones de pies cúbicos diarios.
El analista considera que esa relación puede ser más importante para Colombia que una eventual competencia por los compradores de crudo. “Prefiero mirarlo en clave de aliado y no de competencia. Desde marzo de 2026 Venezuela ya envía gas a Colombia y ambos gobiernos activaron la hoja de ruta para reactivar el gasoducto binacional Antonio Ricaurte”.
La posibilidad de contar con una conexión energética más amplia ocurre en un momento especialmente sensible para Colombia, que necesita asegurar fuentes adicionales de gas para responder a las necesidades futuras del mercado. La cercanía geográfica y la infraestructura construida entre ambos países podrían facilitar una relación que vaya mucho más allá del comercio tradicional.
“Nuestra infraestructura y cercanía para su reinserción comercial vale más para la región que una carrera aislada por el barril”, explicó.
Para Colombia, el acuerdo funciona más como una señal sobre la competencia que existe por atraer capital hacia América Latina. Mientras Venezuela intenta reconstruir una industria que llegó a ser una de las más importantes del mundo, el desafío colombiano está en garantizar exploración, encontrar nuevas reservas y mantener una producción que permita conservar el peso del petróleo dentro de la economía nacional.
“La tarea de Colombia no es mirar con recelo el regreso de Venezuela, sino asegurar reglas claras y exploración activa para no quedarse rezagada mientras el capital internacional vuelve a mirar hacia la región”, puntualizó.
.webp&w=256&q=75)