Jesurún, ratificado como presidente de la Federación: también hubo cambios importantes
La ratificación de su presidencia estaba cantada, pero hubo movimientos en el tablero de ajedrez inesperados.

La reelección de Ramón Jesurún Franco como presidente de la Federación Colombiana de Fútbol no fue una sorpresa. Lo que sí generó ruido en los pasillos del poder fue la forma en que se configuró el nuevo comité ejecutivo, con movimientos silenciosos pero determinantes, especialmente impulsados por Álvaro González Alzate, quien volvió a demostrar que es una de las figuras más influyentes dentro de la estructura dirigencial.
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La continuidad de Ramón Jesurún
Jesurún, con el respaldo mayoritario de los clubes profesionales y las ligas del fútbol aficionado, aseguró su continuidad sin mayores sobresaltos, consolidando así un ciclo que comenzó en 2015 y que sigue intacto a pesar de críticas y polémicas. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad hubo una jugada política clave: la intervención de González, presidente de la Difútbol, quien incidió directamente en la conformación del comité ejecutivo y en el equilibrio de poderes dentro de la Federación.
La llamada “jugada maestra” tuvo que ver con el control de los cupos en el comité. La asamblea, compuesta por representantes del fútbol profesional y aficionado, debía definir varios cargos estratégicos, y allí fue donde González movió sus fichas para evitar que sectores externos —como propietarios de clubes o figuras con intereses distintos— ganaran terreno en la toma de decisiones. Su postura fue clara: proteger el modelo tradicional de poder dentro de la Federación, donde las ligas y los dirigentes históricos mantienen un peso determinante.
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Los movimientos de Jesurún
En términos concretos, el resultado dejó más continuidades que cambios, pero con ajustes importantes en nombres y equilibrios. Se ratificaron figuras cercanas al núcleo de poder de Jesurún, mientras que algunos cargos generaron debate interno por la intención de ciertos clubes de tener mayor representación. Aun así, la estructura final terminó favoreciendo el statu quo, con un comité que sigue alineado con la actual administración.
Este escenario confirma dos cosas. La primera, que Jesurún mantiene el control institucional y el respaldo político suficiente para seguir al frente del fútbol colombiano. Y la segunda, que el verdadero ajedrez del poder no siempre está en la presidencia, sino en quienes manejan los votos y las estructuras internas, como es el caso de González, quien lleva décadas siendo una figura clave en la dirigencia y continúa siendo, para muchos, “el poder detrás del poder”.
Además, el contexto refuerza esa lectura: el sistema electoral de la Federación, en el que participan tanto clubes profesionales como ligas departamentales, permite que dirigentes con amplio control territorial —como González— tengan una influencia decisiva en cada elección.
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Al final, más allá de los nombres, la conclusión es clara: el fútbol colombiano no cambió de rumbo. Jesurún sigue al mando, pero el mapa de poder volvió a evidenciar que las decisiones no se toman en solitario. Detrás del escritorio principal hay una estructura consolidada, donde cada ficha tiene un rol… y donde algunos, sin necesidad de ser presidente, siguen moviendo los hilos.
