Zapopan, el municipio que cantó ‘La plata’ de Diomedes Díaz y gozó con el ‘Lucho’ de Temu
Minuto60 acompañó la celebración de los compatriotas luego del vital triunfo en la Copa del Mundo.

En el cielo había un tejido ancestral con la bandera de Colombia por todo el malecón de Zapopan, que cubría alrededor de 1 kilómetro. Diferentes personas apuntaban sus dedos índices al cielo mientras los flashes se disparaban. De fondo, el grito que se convirtió en un himno en México: “¡Colombia, Colombia, Colombia!”. En el festejo, el equipo de Minuto60 fue abordado por unas mexicanas, Alejandra Álvarez, y Lizbeth Ibarra, la ‘Zendaya’ manita, muy directas: “Güeyes, ustedes que son colombianos ¿se toman una foto con nosotras?” … la próxima se cobrará por cada obturación, porque una sola foto, muchas personas en este municipio querían un pedazo de Colombia.
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Si usted es de los que ve mucho Tiktok o Instagram, la referencia de los videos en los que le piden hablar a las colombianas y de “papacito”, lo vivió este grupo de periodistas. Querían escuchar nuestros acentos, querían conocer nuestras palabras y aprender nuestras palabrotas. Una de ellas lo gritó: “Es que ustedes hablan muy bonito y están bonitos”. Fue cuando vimos la primera mujer con camiseta de Colombia que voló por cielos. Los mexicanos aman poner a los colombianos a “volar”, el problema fue que el aterrizaje de esta señorita fue un poco tortuoso y casi se golpea su cabeza. Fue un momento de silencio, pero fiel a una oda de fiesta universitaria americana, el incómodo momento duró segundos, porque todos levantaron los brazos y festejaron que estaba bien.
Los cientos de mexicanos que portaban, en su gran mayoría, la camiseta de Colombia o tenían en sus mejillas la bandera de nuestro país, nos fueron llevando al punto de encuentro. A donde las bocinas estallarían, ese lugar en el que los corridos y la salsa choke se abrazarían pero ver nacer nuevos movimientos de cadera. Cada paso llevaba un saludo de las personas que venían colgar nuestras banderas en nuestras espaldas.
Antes de llegar a esa ubicación, nuestras guías turísticas – que ya habían adoptado a otro colombiano en medio del partido contra República Democrática del Congo – nos hicieron la salvedad: “Vamos a cotorrear aquí en el centro y si no nos vamos a la Minerva, ¿van?”. Antes de tomar cualquier decisión pregunté: “Esperen, esperen, esperen, ¿qué es cotorrear?”. Y como todo lo que lleva Minuto60 de cubrimiento del Mundial en México, nuevos amigos hicimos.
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Un padre, su esposa y su hija se unieron a la conversación y nos respondieron: “Cotorrear es pasar el tiempo”, lo que para los colombianos es ‘parchar’, así que les dimos el sí y nos fuimos de ‘cotorreo’ lo que no sabíamos era que en medio de la celebración nos íbamos a encontrar con nuestro ‘Luchito’ Díaz o por lo menos la versión de Temu y que, además, cantaríamos ‘Chinga tu madre’, de Molotov, como si fuéramos unos “pinches mexicanos”.
Una noche con ‘Luchito’
Como buenos anfitriones, nos fueron metiendo en el círculo del baile. Obviamente, era una fiesta mexicana en nombre de Colombia. Eso era lo que más daba miedo, porque en algún momento, nos podían poner a volar o pedir el tal beso de tres que no paran de solicitar. Sin embargo, todo se quedó en baile, chelas y cánticos.
Alguien me tomó de la cintura y creí que alguna mexicana pediría mi mano, pero no, era para que pusiera el paso del famoso trencito que inició un colombiano, mi compañero de aventura y cobertura mundial. ¡Nos tomamos México! Fue un gusano de muchos metros, brazos, risas y carcajadas, amenizado por cumbias norteñas.
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Pero ese tren tenía pagar un peaje, y el costo lo recogía Luis Díaz, sí, Luis Díaz. Los mexicanos y colombianos presentes solo gritaban: “¡Lucho, Lucho, Lucho!” Era versión más bajita, pero con el mismo regate, pero regate de baile. En muchas oportunidades tiró los prohibidos, bailó con su esposa mexicana, se subió a un árbol, cual Tarzán, y todos le seguían el juego.
Fue él, quien pidió al dueño del carro que estaba estacionado con su baúl y sus bocinas a todo dar, pusiera ‘La Plata’ de Diomedes Díaz, ni el himno nacional en el estadio Azteca se gritó tanto como este vallenato. Y la profecía en los mexicanos, porque la plata que cayó en sus manos, la gastaron, por lo menos esa noche, en bebida y bailando.
Lo demás fue historia patria entre dos naciones que no dejamos de ser hermanas en medio de este Mundial 2026...
