El temor por el Mundial 2026 es real: Amnistía Internacional puso en jaque el torneo
Millones de aficionados podrían enfrentarse a riesgos serios en materia de derechos humanos.

La previa del Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, comienza a cargarse de tensión fuera de las canchas. Un informe reciente de Amnistía Internacional encendió las alarmas al advertir que millones de aficionados podrían enfrentarse a riesgos serios en materia de derechos humanos, en un contexto marcado por políticas migratorias restrictivas y un clima de creciente represión.
El documento, titulado “La humanidad debe triunfar”, es contundente: el torneo ya no puede considerarse un evento de “riesgo medio”, como inicialmente lo catalogó la FIFA. Según la organización, existe un escenario preocupante que puede afectar no solo a hinchas, sino también a jugadores, periodistas, trabajadores y comunidades locales.
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En el centro de la preocupación aparece el gobierno de Donald Trump. Amnistía señala que sus políticas migratorias han creado un entorno hostil, con deportaciones masivas, detenciones arbitrarias y restricciones de entrada que podrían impedir que miles de aficionados viajen al torneo. Solo en 2025, más de 500.000 personas fueron deportadas de Estados Unidos, una cifra que, según el informe, supera ampliamente la capacidad del estadio donde se jugaría la final del Mundial.
La organización también advierte que estas medidas han generado un “clima de temor” que podría trasladarse directamente a la experiencia del Mundial. En particular, preocupa el accionar de agencias como ICE y CBP, señaladas por detenciones masivas y uso excesivo de la fuerza.
¿Cuál es el problema?
Pero el problema no se limita a Estados Unidos. En México, el informe pone la lupa sobre la militarización de la seguridad, con el despliegue de miles de agentes en ciudades sede, lo que podría derivar en represión de protestas sociales. Además, colectivos ciudadanos ya han anunciado manifestaciones por temas como el acceso al agua, el aumento de precios y la gentrificación vinculada al evento.
En Canadá, por su parte, la preocupación gira en torno al posible desplazamiento de personas sin hogar debido a las exigencias logísticas del torneo. Amnistía advierte que este tipo de medidas ya se ha visto en otros grandes eventos y podría repetirse, afectando a poblaciones vulnerables.
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Lo que se prohíbe
Otro punto crítico es la libertad de expresión. El informe señala que el Mundial suele ser escenario de protestas, pero en esta edición existe el riesgo de que estas sean reprimidas. Las restricciones al derecho a manifestarse, sumadas a antecedentes recientes de intervención policial contra movilizaciones, generan dudas sobre si el torneo podrá garantizar un ambiente verdaderamente libre e inclusivo.
Además, hay preocupaciones específicas para comunidades como la población LGBTQ+, cuyos miembros han expresado temor sobre su seguridad y visibilidad durante el evento. La promesa de un Mundial “seguro, acogedor e inclusivo” queda en entredicho frente a este panorama.
Amnistía Internacional fue clara en su llamado: tanto la FIFA como los países anfitriones deben tomar medidas urgentes para evitar que el torneo termine convirtiéndose en un escenario de vulneración de derechos. “El fútbol pertenece a la gente”, advierte el informe, insistiendo en que los aficionados no pueden pagar el precio de decisiones políticas y fallas estructurales.
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Así, a poco más de semanas del inicio del evento, el Mundial 2026 ya no solo enfrenta retos deportivos y logísticos. La gran preocupación ahora es si podrá cumplir su promesa de ser una fiesta global o si, por el contrario, quedará marcado por tensiones políticas, restricciones y un entorno que pone en duda la seguridad y la inclusión de quienes lo vivirán en las tribunas.
