Lo que debía ser una noche de fútbol sudamericano se transformó en un infierno de sangre y violencia en Avellaneda, ciudad de Argentina. El estadio Libertadores de América – Ricardo Bochini, casa de Independiente, se convirtió en escenario de escenas que rozaron la barbarie: hinchas de Universidad de Chile iniciaron disturbios rompiendo baños, arrancando asientos y lanzando todo lo que se encontraron desde la tribuna visitante. La respuesta no tardó: la barra disidente del Rojo irrumpió en el sector rival y desató una cacería brutal, con golpes, desnudando a los aficionados, persecución y hasta un hincha chileno que cayó desde lo alto de la tribuna.Tragedia en Avellaneda en partido Independiente vs U. de Chile. Foto: Captura de pantallaEl partido, que estaba 1-1 y clasificaba a la U de Chile por el global, jamás volvió a disputarse. El árbitro Gustavo Tejera suspendió el encuentro al inicio del segundo tiempo y la Conmebol, en un hecho inusual, anunció la cancelación definitiva del compromiso, aduciendo “falta de garantías”. La barbarie en las tribunasLas imágenes que circularon en redes sociales y en la transmisión de televisión son terribles: aficionados desnudos, colgados como trofeos de guerra, manchones de sangre en las gradas, baños destrozados, rejas arrancadas, incendios y un estadio convertido en escombros. El bus de la delegación chilena fue atacado a piedra cuando los futbolistas aún estaban dentro.El saldo, confirmado horas después, estremeció al continente: decenas de heridos graves, varios en condición grave, dos de ellos intervenidos quirúrgicamente y más de 130 detenidos bajo cargos de lesiones y resistencia a la autoridad.Hinchas capturados tras los incidentes en Avellaneda. Foto: Captura de pantallaMientras tanto, periodistas chilenos quedaron atrapados dentro del estadio sin poder salir, denunciando la ausencia total de seguridad.La responsabilidad y las reaccionesLa tragedia provocó una ola de reacciones. El presidente de Chile, Gabriel Boric, exigió garantías y responsabilizó a las autoridades argentinas por la falta de control. En medio de la conmoción, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile entregó un balance estremecedor: Hasta el momento 19 ciudadanos chilenos permanecen hospitalizados y otros 101 fueron detenidos en Buenos Aires tras los disturbios. Desde la misma noche del martes 20 de agosto, funcionarios de la Embajada y el Consulado General en la capital argentina encabezados por el embajador José Antonio Viera Gallo y la cónsul general Andrea Concha se desplegaron en hospitales y comisarías para recabar información y brindar asistencia consular.La Cancillería anunció además que el Consulado será reforzado con nuevos funcionarios enviados de urgencia desde Santiago, mientras que los familiares directos de los afectados pueden comunicarse a los números oficiales de emergencia para recibir orientación.El embajador chileno en Buenos Aires José Antonio Viera se trasladó a los hospitales donde permanecen los heridos más graves.Tenemos la lista de todos, tengo mucha gratitud respecto a la forma en la que han atendido en los hospitales a los chilenos, también gratitud a la Policía.En cuanto a los detenidos, contó que en horas de la noche acudió a cuatro comisarías para revisar el estado de los compatriotas.Todavía hay 97 chilenos que están ahí detenidos. Están a la espera que el fiscal dé su parecer respecto a la investigación sobre los delitos que se cometieron. Esto se tiene que ir viendo uno por uno. En el terreno dirigencial, el cruce de declaraciones profundizó el escándalo. Michael Clark, presidente de la U, denunció la deshumanización del hecho y cuestionó la ausencia de policías y mallas de seguridad. Del lado argentino, Néstor Grindetti, presidente de Independiente, buscó desligar responsabilidades: “Nos destrozaron todo, no tuvimos nada que ver”. La polémica está instalada: ¿Hubo negligencia del operativo de seguridad? Un dispositivo de 650 policías y 150 agentes privados no logró contener a las barras ni evitar que los locales irrumpieran en la tribuna visitante. Conmebol en la mira y el futuro inciertoLa decisión de Conmebol de cancelar y no suspender el partido es histórica. El caso pasará a manos de la Comisión Disciplinaria y el abanico de sanciones es amplio: desde la eliminación directa de uno o ambos equipos, hasta la repetición del encuentro en sede neutral y sin público. No se descarta, incluso, que Independiente enfrente sanciones severas por los desmanes de su hinchada, y que la U de Chile también sea castigada por los destrozos en la tribuna visitante.Este episodio revive los peores fantasmas del fútbol sudamericano: violencia sin control, barras organizadas que dominan los estadios y operativos incapaces de garantizar la seguridad. La Copa Sudamericana, que debía ser un escenario deportivo, quedó marcada por un capítulo de terror que enluta al continente.Comunicado de Conmebol tras los violentos incidentes. Crédito - X: @CONMEBOLLa FIFA, por intermedio de su presidente, Giani Infantino, condenó la "impactante violencia" que se vivió en Avellaneda.Presidente de la FIFA rechaza los disturbios en Avellaneda. Crédito - Instagram: @gianni_infantinoEl eco de la barbarieLa historia de Avellaneda es ya comparada con episodios trágicos como la tragedia de Lima en 1964, cuando murieron más de 300 personas en un Perú vs. Argentina, o la final de la Copa Libertadores 2018, suspendida por los ataques al bus de Boca en el Monumental. Una vez más, el continente se enfrenta a la pregunta incómoda: ¿qué tan lejos está el fútbol sudamericano de quedar rehén de la violencia?La Conmebol deberá decidir en los próximos días el destino deportivo de Independiente y Universidad de Chile. Pero lo ocurrido en Avellaneda trasciende el marcador: el fútbol quedó manchado de sangre, y la herida tardará mucho en cicatrizar.