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Del festejo al caos: así se desató la violencia tras la final de la Copa BetPlay en Medellín

Disturbios entre hinchas dejaron decenas de heridos, suspendieron la premiación y reabrieron el debate sobre la violencia en los estadios.

Del festejo al caos: así se desató la violencia tras la final de la Copa BetPlay en Medellín
Disturbios entre hinchas en el estadio Atanasio Girardot tras la final de la Copa BetPlay. - Crédito: Redes sociales
Oscar Repiso
Oscar RepisoPeriodista
18 DIC 2025 - 06:37Actualizado: 22 FEB 2026 - 02:56

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La noche que debía quedar en la memoria como una celebración terminó marcada por el miedo. Apenas sonó el pitazo final, la euforia dio paso a la tensión y el fútbol colombiano volvió a quedar bajo la sombra de la violencia, justo después de que Atlético Nacional conquistara su octavo título de la Copa BetPlay frente al Deportivo Independiente Medellín.

En las tribunas del estadio Atanasio Girardot comenzaron los disturbios protagonizados por un sector de los aficionados, desatando escenas de caos que opacaron por completo la consagración deportiva.

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Durante casi 90 minutos, el Atanasio Girardot fue lo que siempre promete el fútbol: una fiesta. Cánticos incesantes, pólvora iluminó el cielo y las tribunas estuvieron llenas con más de 43.000 hinchas que llegaron desde temprano para acompañar a Atlético Nacional y al Deportivo Independiente Medellín en la final de la Copa BetPlay 2025. Sin embargo, bastaron apenas unos minutos tras el final del partido para que esa celebración se transformara en caos.

El título de Nacional, conseguido tras imponerse a su rival de patio, quedó en un segundo plano cuando en la tribuna norte comenzaron los primeros disturbios. Objetos volaron desde las graderías hacia la cancha, las vallas de protección fueron derribadas y el ambiente se volvió irrespirable. Lo que debía ser la antesala de la premiación terminó convertido en una escena de miedo y confusión.

Diez minutos que parecieron eternos

Los desmanes duraron cerca de diez minutos, pero para quienes estaban en el estadio parecieron una eternidad. Desde la tribuna popular del Medellín, un grupo de hinchas bajó con furia hacia la parte baja del escenario, mientras desde otros sectores aficionados de Nacional también se desplazaban, atraídos por el caos.

En la gramilla del sector occidental se desató el enfrentamiento más grave. Palos, tubos, vallas metálicas y hasta una nevera utilizada para hidratar a los jugadores fueron lanzados en medio de la pelea. Algunos asistentes portaban objetos contundentes y cortopunzantes, como quedó registrado en varios videos difundidos en redes sociales.

La situación obligó a la intervención de la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO). Con explosivos controlados y líneas de contención, los uniformados lograron replegar a los grupos que ya habían avanzado más allá de la mitad de la cancha. La escena era más propia de una batalla campal que de una final de fútbol.

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La celebración que nunca llegó

Mientras el caos se apoderaba del estadio, la premiación quedó suspendida. Por segundo año consecutivo, Atlético Nacional no pudo recibir el trofeo en el campo de juego. Tal como ocurrió en 2024 en Cali, el título se quedó sin foto oficial, sin vuelta olímpica y sin festejo.

Los jugadores de ambos equipos abandonaron la cancha a toda prisa y se refugiaron en los camerinos por seguridad. En las tribunas, los hinchas de Nacional permanecieron cantando, contenidos por la incertidumbre, mientras el personal de logística corría para proteger su integridad.

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Los desmanes que derivaron en la pelea iniciaron en la tribuna norte del estadio Atanasio Girardot. Redes sociales

¿Dónde empezó todo?

Reconstruir el origen exacto de la violencia no ha sido sencillo. Hubo pequeños altercados en varios sectores del estadio cuando el partido se acercaba a su final. Sin embargo, los primeros actos visibles ocurrieron en la parte baja de la tribuna norte, donde hinchas del Medellín comenzaron a descolgar banderas y a forzar las vallas incluso antes del pitazo final.

Cuando el árbitro decretó el cierre del encuentro, los jugadores del DIM corrieron hacia los camerinos. Los de Nacional, en cambio, intentaron celebrar acercándose a la tribuna sur. Fue entonces cuando la tensión estalló por completo y la Policía ingresó para contener a los aficionados más exaltados.

El caos también se trasladó a otros sectores del estadio, especialmente en oriental, donde se registraron enfrentamientos aislados. Afuera, la situación no fue mejor: cerca de una hora después del partido, gases lacrimógenos fueron utilizados para dispersar a quienes continuaban alterando el orden.

Un balance preocupante

Las autoridades confirmaron que los desmanes dejaron 59 personas heridas, entre ellas siete policías. También se incautaron bengalas, más de 300 tiros para bazuca artesanal, más de 20 cajas de pólvora tipo torta y otros elementos prohibidos. Más de 1.100 uniformados participaron en el operativo para controlar la situación.

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, rechazó los hechos y los calificó como criminales. Anunció que los responsables enfrentarán sanciones y advirtió que este tipo de comportamientos no pueden seguir manchando el deporte.

La violencia también afectó la movilidad en la ciudad. Varias estaciones del metro suspendieron operaciones y los disturbios se extendieron hacia las inmediaciones del estadio.

Una fiesta que terminó en silencio

Horas antes, Medellín vivía un ambiente distinto. Desde la mañana, los hinchas se concentraron en los puntos tradicionales: Nacional en la 70 y el DIM en el sector del Obelisco. Hubo filas largas para ingresar al estadio y un espectáculo de pólvora que retrasó el inicio del partido.

Durante el juego, el comportamiento fue ejemplar. Cánticos, saltos y banderas acompañaron el desarrollo del encuentro. Pero, una vez más, la violencia se impuso al final, dejando una sensación amarga y la certeza de que el fútbol colombiano sigue teniendo una deuda pendiente con la convivencia.

Ahora, mientras se esperan sanciones deportivas y administrativas, queda la imagen de un estadio vacío, una copa guardada y una celebración que nunca ocurrió. Una noche que debía ser histórica terminó convertida en una advertencia más.

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