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Temblor este lunes en Colombia | ¿Qué hay debajo de nosotros y por qué se producen los terremotos?

Este lunes, Colombia amaneció con un terremoto de 7,4 de magnitud, dejando una cifra de 111 fallecidos, por el momento.

Terremoto - Crédito: Foto: Pixabay
Felipe Villamizar M.
Felipe Villamizar M.Periodista
10 AGO 2026 - 21:02Actualizado: 10 AGO 2026 - 22:08

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El presidente Abelardo de La Espriella declaró este lunes la "situación de emergencia" en Colombia por un fuerte terremoto que deja hasta el momento 111 fallecidos, 87 heridos y decenas de edificaciones colapsadas.

A primera hora de la mañana, las principales ciudades del oeste del país vivieron momentos de pánico, con miles de personas evacuadas y decenas de edificaciones derrumbadas.

"Quedamos consternados todos, encomendados a Dios (...) lo que más hay son desparecidos", dijo a la AFP el líder comunitario Luis Gregorio Moreno en Quibdó, la capital del departamento del Chocó donde su ubicó el epicentro. En esa empobrecida región las autoridades locales registran 12 personas fallecidas.

(Le puede interesar: Abelardo De La Espriella confirma número de personas fallecidas: ¿qué medidas ordenó?).

El sismo de magnitud 7,4 ocurrió a las 7:34 de la mañana, según el servicio geológico colombiano y el de Estados Unidos. "El gobierno nacional mantiene desplegadas todas sus capacidades para proteger la vida, atender a las comunidades afectadas y llevar ayuda a cada territorio que se necesite", dijo el presidente desde Bogotá donde lidera la atención a la emergencia.

¿Por qué se dan los terremotos?

La solidez del suelo bajo nuestros pies es, en realidad, una ilusión geológica. Según explican E. Tarbuck y F. Lutgens en su texto Ciencias de la Tierra, lo que habitualmente se percibe como terreno firme no es más que una delgada capa rocosa que, bajo presiones extremas, cede.

Hay que imaginar una banda elástica: a medida que la corteza se pliega y deforma por el movimiento constante de las placas tectónicas, esta acumula energía elástica. Cuando la roca alcanza su punto de fractura, esa energía se libera abruptamente en forma de vibraciones. Es, en esencia, la ruptura de una cicatriz en la corteza terrestre conocida como falla.

Ese instante de ruptura, que ocurre en el corazón de la roca, llamado foco o hipocentro, lanza ondas de choque en todas direcciones, tal como ocurre al perturbar la quietud de un estanque con una piedra. Al proyectar esa energía verticalmente hacia la superficie, ubicamos el epicentro.

Una vez desatado el caos, la tierra no siempre se aquieta de inmediato; los materiales necesitan reajustarse, dando pie a las réplicas: temblores secundarios que persisten días después.

Nuestro planeta es un rompecabezas colosal en movimiento. La teoría de la tectónica de placas detalla cómo grandes bloques rocosos se desplazan incesantemente, empujándose, hundiéndose o deslizándose lateralmente. En los bordes de estas placas es donde reside el mayor peligro.

Un ejemplo monumental es la falla de San Andrés, una grieta de 1.300 kilómetros que divide las placas Norteamericana y del Pacífico. No obstante, es un alivio saber que la gran mayoría de estas fallas permanecen inactivas.

Cifras de terremotos

Las cifras globales sobre la actividad sísmica son vertiginosas. Cada año, el mundo experimenta más de 300.000 terremotos perceptibles, aunque la inmensa mayoría son leves e inocuos. De ese total, apenas 75 alcanzan una magnitud significativa, y muchos ocurren en zonas despobladas.

(También lea: Sismo en Colombia: Banco de Alimentos activa campaña de emergencia para ayudar a damnificados).

En promedio, el planeta registra anualmente unos 18 terremotos importantes y 1,4 eventos de gran magnitud. Cuando estos sacuden centros urbanos, las consecuencias son catastróficas, no solo por el movimiento tectónico, sino por la licuefacción del suelo y los daños colaterales.

Tal como ocurrió en el histórico terremoto de San Francisco de 1906, la ruptura de tuberías de gas dispara incendios devastadores, mientras que el colapso de las redes de agua deja a las ciudades inermes.

Para cuantificar este poder, se utilizan escalas como la de Richter, que mide la magnitud mediante ondas superficiales. Es una escala logarítmica, lo que implica que cada grado de diferencia representa un salto descomunal: un sismo de magnitud 4 libera aproximadamente 32 veces más energía que uno de magnitud 3.

(Además lea: ¿Qué significa decretar desastre nacional por el temblor y qué puede hacer ahora el Gobierno?).

Para dimensionar esta fuerza en términos cotidianos, un temblor de magnitud 4 equivale a detonar 500 kilogramos de dinamita. En una escala mucho mayor, la prueba atómica de 1946 en el atolón Bikini desató una potencia comparable a un terremoto de magnitud 6. La tierra, en su silenciosa reconfiguración, nos recuerda constantemente quién manda.

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