Entrevista | “Vi caer un castillo de naipes, en seis segundos no quedó nada”: víctima del terremoto
Minuto60 habló con John Jairo Casallas, dueño del restaurante ‘El Cali’ en Manizales, un establecimiento de 35 años que quedó bajo escombros.

Fueron varios momentos de euforia y alegría. En 1991 se cortó el listón de un negocio familiar de comida rápida en Manizales. La Avenida Santander tenían un lugar en común: ‘Comidas rápidas el Cali’, un lugar que vendía hamburguesas, perros calientes, pero en especial regalaba sonrisas y amor.
En ese mismo lugar, todos los 31 de octubre sus trabajadores se reunían para celebrar con los niños los días de las brujas para compartir con los menores y regalarles perros calientes. Un negocio familiar, que se convirtió en tradición en Manizales.
El pasado lunes 10 de agosto, literal todo se fue al piso. Los sueños, 35 años de construir un legado, una marca y una tradición quedaron enterrados entre los escombros por el paso del terremoto de magnitud 7,4, que afectó a Manizales, Pereira, Cali y Chocó, el epicentro de esta tragedia.
“Eso fue una carrera. Había que buscar una salida. Al salir ya se está como a salvo, pero al devolver la mirada y ver como todo como un juego de naipes, empezar a caerse todas las piezas y en seis segundos no quedar nada es impactante”, le dijo a Minuto60 Jhon Jairo Casallas, dueño del restaurante ‘El Cali’.
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Una tradición
El padre de John Jairo fue el forjador de este negocio, que comenzó ahí en la Av. Santander 49-133. De a poco fue conquistando clientela, siendo los estudiantes de la Universidad Autónoma sus más fuertes compradores.
“Este negocio lo empezó mi papá en 1991 y ahí empezó la era pues de ‘El Cali’. El que empezó con una universidad que había aquí privada, que es la Universidad Autónoma y ahí empezaron sus primeros pasitos, ellos eran los primeros clientes y ahí fue donde empezó el restaurante ‘El Cali’. Fue hasta el 96 que botamos el negocio, que hoy este terremoto los sacudió”, añadió.
Y es que lo que parecía ser un día normal en ‘La mejor ciudad del mundo’, como la llaman los manizaleños, terminaría siendo un caos, algo que nadie se explica, aún para algunos ciudadanos es una pesadilla al ver cómo su vida fue de derecha a izquierda y de arriba abajo hasta botarlos al suelo dejándolos sin nada de lo que habían trabajado fuerte por edificar.
“En ese momento no estaba en el local, yo estaba en mi casa, estaba recién entrado porque había dejado a mis hijos en el colegio. Volví a casa cuando que sentí ese movimiento, me paré en la cama con mi esposa, salimos a un punto donde estábamos bien y visualicé un edificio que se llama Plaza 51, que quedaba al lado del negocio y vi como se movía, como cuando tira una pala de arena. ‘Ay, mi Dios bendito’, Vimos cómo se cayó el local. Cogí el carro, porque estoy a cinco minutos del lugar y eso fue impresionante, lo primero que vi fue el hueco de la casa, no quedó nada, me bajé del carro desesperado a ubicar a mi mamá, a mis hermanas, las ubiqué y ahí pensé: ‘tengo que ir a recoger a mis hijos’”, relató.
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Y añadió: “‘El Cali’ es un negocio de tradición, es un negocio urbano, pero es más que la comida, son los recuerdos, porque tú llegas, llegas y lo primero que recuerdas es la universidad, el colegio, la novia, la rumba, los tragos, llegué borracho a comer, entonces todo eso era así, porque llegaba gente de toda parte y hasta del extranjero”.
La fortaleza de la familia
John Jairo sabe que él es el responsable de la familia. La cabeza de ese grupo y de su empresa. Por eso no puede mostrar debilidad, sino que lo mejor es guiar a sus familiares, quienes aún no reaccionan del shock de ver su local por los pisos, lleno de escombros y con el letrero de ‘El Cali’, con sus letras hechas una ‘sopa de letras’.
“Una vez pasó todo y me encontré con mis hermanas, mis hijos y mamá miré atrás para pensar en lo que era este negocio, lo que construyó mi papá, pero bueno, la vida quedó ahí y hay que seguir para adelante, para adelante es para allá como dicen”, analizó.
El dolor de la pérdida de su negocio fue algo que impactó en el corazón de Casallas. Lo llevó a ese imaginario en el que perdió a su papá, para él ver ‘El Cali’ totalmente destruido era como ver a su padre fallecido.
“No es que no lo entendí, yo miraba y miraba el negocio como a 10 metros y veía pasar los carros, los buses, las motos y la gente se tomaba la cabeza, se les leía los labios ‘maric… se cayó ‘El Cali’, yo soy el doliente, pero yo veía a la gente que le dolía más eso que a mí. Yo creo que vi una película igualitica cuando se murió mi papá, me frené, tres días, miré para atrás, venían mi mamá, mis hijos, mi esposa y mis hermanos y ahora me sucedía otra vez, donde se cae la casa, pero yo soy el que tengo que estar pie, tengo que pensar en ellas y en todo, pero no, vamos con toda”.
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La esperanza
Sin embargo y, pese al dolor, él mismo reconoce que la vida continúa y que no se pueden quedar lamentándose. Como buen religioso que es, sabe que así como la vida quita, también da, por lo que la forma en que deben concentrarse en salir adelante debe ser más marcado.
“Al buen tiempo hay que colocarle buena cara, y ellos me ven a mí tranquilo y trato de tranquilizarlos, porque tengo una hermana que todavía no ha asimilado eso, llora, tiene un duelo impresionante, pero he tratado de decirle que tranquila, pero es diferente el pensamiento de ella, pero yo dije no, ya, y he recibido llamadas de amigos que realmente me conocieron en este caminar, y ellos saben cómo soy yo, quién soy yo, entonces yo me siento ahí, me siento fuerte, somos como los campesinos antiguos y viejos, como los arrieros”, resumió.
Finalmente, les envió un mensaje a las víctimas de esta tragedia en el país. “Colombia le duele cualquier rincón, cualquier pueblo, cualquier esquina de Colombia le duele y yo sé que Colombia apoya por todo lo que está pasando, porque este es un país solidario, es un país que le duele el dolor de nuestros vecinos Cuando hay un problema, Colombia lo soluciona totalmente”.
