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Análisis | De la Espriella y el fin de la paz urbana, ¿cuáles son las consecuencias?

El nuevo gobierno solo aceptará el sometimiento de las organizaciones criminales, es decir, que las negociaciones de paz llegarán a su fin.

¿Es el fin de la paz urbana?, analistas plantean los escenarios con De La Espriella. - Crédito: Colprensa.
Iván Mauricio Beltrán Acuña
Iván Mauricio Beltrán Acuña Periodista
25 JUN 2026 - 22:54Actualizado: 25 JUN 2026 - 22:57

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Los ilegales disponen de un mes para organizar su sometimiento al Estado”, sentenció Abelardo De La Espriella, presidente electo de Colombia, a las organizaciones criminales. “En mi gobierno no habrá ofertas generosas ni concesiones”, agregó en tono enérgico y sin vacilación alguna, lo que supondría el final de la paz urbana y el levantamiento de las mesas de negociación en varias regiones del país.

La apuesta del gobierno Gustavo Petro por lograr la denominada “paz total” se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y solo dispone de un mes para obtener algún resultado en las mesas de negociación que se vienen adelantando en zonas urbanas como Medellín y el Valle de Aburrá, Buenaventura, entre otras.

De otra parte, la reducción en los índices de violencia y de criminalidad en algunas zonas del país se asocia con el cese al fuego y pactos que acordaron los negociadores de las organizaciones al margen de la ley con el Gobierno Nacional. Sin embargo, hay quienes advierten que esto se debe a otras razones.

El diagnóstico es claro. Las mesas funcionaron. Pero el problema no son las mesas, el problema es el Estado.

Alexander Morales, abogado defensor de derechos humanos

Alex Morales, abogado defensor de derechos humanos, dijo a Minuto60 que el electo presidente Abelardo De La Espriella, prometió “acabar con las mesas de paz y gobernar con mano de hierro”, pero que sí se hace necesario responder qué tanto aportaron estos acercamientos para disminuir la violencia en el país.

¿Sirvieron las mesas de paz urbanas y rurales en Medellín y en el Valle de Aburrá? Definitivamente, sí. Al cierre del año 2024, la tasa de homicidios llegó a 10 por cada 100.000 habitantes, la más baja en cuatro décadas. Los compromisos de las estructuras armadas en la mesa de paz de Itagüí redujeron homicidios entre grupos, desmontaron fronteras invisibles y suspendieron extorsiones en barrios enteros”, explicó el jurista.

Sin embargo, sostuvo que hay otras regiones con un panorama diferente, como el caso del Catatumbo o Tibú, donde se pasó de 29 homicidios en el año 2024 a 129 en el año 2025. “El Cauca, el Chocó y el Nororiente registraron la peor tasa desde el año 2014. El diagnóstico es claro. Las mesas funcionaron. Pero el problema no son las mesas, el problema es el Estado”, explicó Morales.

No puede decirse que el conjunto de fenómenos de violencia urbana tenga que ver con conversaciones.

Camilo González Posso, director de Indepaz

Camilo González Posso, director del Instituto de Ideas para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, le dijo a Minuto60 que la violencia urbana, medida en tasa de homicidios, extorsiones y otros indicadores, disminuyó en algunas ciudades como ocurrió con Medellín.

“Simultáneo con el desarrollo de estas mesas de paz urbana que promovió el gobierno y también en algunos períodos se presentaron disminuciones en Buenaventura, oscilaciones, pero también reducciones en Quibdó, una situación que no era de todas maneras estable, pero no puede decirse que el conjunto de fenómenos de violencia urbana tenga que ver con conversaciones”, explicó Posso.

Añadió que las negociaciones de paz en territorios urbanos pueden influir en la reducción de los índices de violencia, pero que hay ciudades como Bucaramanga, que presentó disminución sin que hubiera mesas de conversación o situaciones estables como las de Bogotá o Cali, donde fueron otros los factores que afectaron los indicadores de violencia.

Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), sostuvo que en Buenaventura hubo una reducción en los índices de violencia. “Lo que muestra, primero, que gran parte de la violencia homicida estaba relacionada con las disputas entre Chotas y Espartanos”, señaló la experta.

Manifestó que hay regiones donde no se logró consolidar la paz o por lo menos alguna tregua, como el caso de la costa Caribe, donde los acercamientos “están muy crudos todavía como para decir que pueda o no pueda tener un impacto”, mientras que en Medellín el panorama puede ser parcial.

Lo peor que nos puede pasar es que se desate nuevamente una guerra entre combos.

Laura Bonilla, subdirectora de Paz

¿Qué futuro tiene la paz urbana y rural?

El discurso del presidente electo, Abelardo De La Espriella, fue directo sin mencionar las negociaciones de paz, su posición frente a esta actividad criminal es que no habrá concesiones y solo procederá el sometimiento.

“El presidente electo lo ha dicho con todas las letras. Con los criminales no habrá negociación. Cerrará las mesas, presentará una ley de sometimiento el mismo 7 de agosto. Pero hay algo que el nuevo gobierno no puede ignorar. El modelo que propone más fuerza militar, más bombardeo, más alianzas con Washington no es nuevo en Colombia y menos en América Latina”, sostuvo el abogado Alexander Morales.

Indicó que la novedad está en la implementación de “una doctrina de cooperación”, mediante una subordinación que Estados Unidos estaría instalando en países de la región, especialmente con aquellos que tienen simpatía del presidente Donald Trump.

En Ecuador, las aeronaves del Comando Sur operan sin restricción. Los oficiales norteamericanos transmiten órdenes directas a las fuerzas aéreas ecuatorianas. En Venezuela, el propio régimen de Maduro avaló el bombardeo que mató al jefe del tren de Aragua y que en Colombia la duda es si se aceptará o no dicha cooperación militar", indicó Morales.

Sostuvo que el nuevo gobierno puede derogar la paz total, puede cerrar las mesas, puede eliminar las zonas de ubicación temporal. "Lo que no puede es derogar el derecho internacional humanitario, los convenios de Ginebra que hacen parte de la constitución colombiana y la Corte Penal Internacional que lleva más de 20 años con exámenes preliminares abiertos sobre Colombia. La paz en Colombia no se construye con balas, ni se construye con mesas sin dientes. La pregunta real ¿Cómo negociar o combatir?”, indicó el abogado Morales.

Por su parte, Laura Bonilla señaló que un levantamiento de los diálogos de paz en zonas urbanas tendría algunas consecuencias que se deberían evaluar con mucho cuidado, como el caso de Medellín.

Medellín es una zona donde hay una consolidación ya bastante fuerte de las bandas, de los combos y de los grupos y lo peor que nos puede pasar es que se desate nuevamente una guerra entre combos”, explicó la subdirectora de Pares.

Camilo González, por su parte, señaló que el futuro de las negociaciones se debe evaluar de manera seria, “sin ningún tipo de polarización, de manera objetiva, porque tiene que haber un conjunto de estrategias”.

Puntualizó que no se puede descartar alguna conversación, así como diferentes iniciativas humanitarias de disminución de violencias y formas de agresión a la población, donde se incluya una política social, urbana y de inclusión.

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