Inicio / Colombia

El claustro de Tunja que se convirtió en una de las cárceles más temidas de Colombia

Entre 1867 y 1966, el claustro de San Agustín dejó atrás su pasado religioso para convertirse en una penitenciaría.

El claustro de Tunja que se convirtió en una de las cárceles más temidas de Colombia
Por este lugar pasaron más de 200 reos, entre ellos el célebre 'Doctor Mata'. - Crédito: Creative Commons | Situr Boyacá
Alison Rodríguez
Alison RodríguezPeriodista
02 DIC 2025 - 11:59Actualizado: 22 FEB 2026 - 02:56

Compartirwhatsappfacebookxlinkedin
whatsappÚnete a nuestro canal

Boyacá es un departamento reconocido por su riqueza cultural y natural. En sus 123 municipios se conservan historias únicas y poco exploradas, como la del Claustro de San Agustín, ubicado en la capital, Tunja.

Durante más de un siglo, este recinto dejó de ser un centro religioso para convertirse en una cárcel que albergaba a delincuentes. Entre 1867 y 1966, con un presupuesto anual de cien mil pesos, se impulsaron reformas que buscaban convertir el claustro de San Agustín en el mayor proyecto panóptico del país, un modelo arquitectónico pensado para la vigilancia permanente.

Si bien el claustro nunca logró convertirse por completo en un panóptico, pues no contaba con la torre central ni otros elementos clave, sí fue adaptado como una cárcel de máxima seguridad. Para ello se habilitaron puntos de observación en el costado sur del segundo piso, desde donde se vigilaba de manera permanente a los reclusos.

Así funcionó la cárcel en el claustro

En el interior de la iglesia–panóptico, los muros fueron reforzados con adobe, una mezcla de barro, agua y, en ocasiones, paja, moldeado en forma de ladrillo y secado al sol. Con este material se construyeron 73 celdas en el recinto. Cada espacio midió dos metros de fondo por uno de ancho, apenas cabía una cama angosta.

Según el Banco de la República, el claustro fue reconocido y temido en toda Colombia por sus castigos y penitencias. Entre los más conocidos estaba “el solitario”, que consistía en un encierro de hasta tres meses con privación de cama, descanso y recreación, además de una reducción en los alimentos y aislamiento total.

También se mencionaba “la gota fría”, una celda de castigo húmeda, estrecha y solitaria en la que, según los relatos, el recluso era sometido a la caída constante de una gota de agua sobre la cabeza durante largos periodos. Aunque no existe evidencia comprobada de este último castigo, permanece en la memoria colectiva como uno de los hitos más sombríos del recinto.

¿Cuántos presos hubo?

Por este lugar pasaron más de 200 reos, entre ellos el célebre 'Doctor Mata', uno de los asesinos seriales más conocidos del país. Para el 1.º de enero de 1923, la cárcel albergaba 218 reclusos. Según documenta el Banco de la República, las puertas se cerraban a las seis de la tarde, después del rezo del rosario y el llamado a lista. Desde ese momento, los presos permanecían encerrados hasta las cinco de la mañana del día siguiente.

En la parte oriental funcionó la casa de reclusión femenina, un espacio más moderno que contaba con dos pisos y un amplio patio. En su costado sur se ubicaban las pequeñas celdas donde dormían las prisioneras, muy similares a las de los hombres. Hoy en día, aún se conservan ocho de las celdas originales.

(Vea también: La historia del billete de $ 10.000 que puede costar hasta tres millones de pesos y que terminó en demanda)

Las pinturas de las paredes, que en un principio eran de carácter religioso, fueron reemplazadas con mensajes carcelarios que todavía se pueden leer. Uno de ellos dice:

"El que entre aquí no pierda la esperanza de amor, de honor, de redención, de reformarse; instrúyase y trabaje, y pronto obtendrá su libertad, su bien".

Estos mensajes fueron una herramienta clave en el proceso de moralización de presos y presas, en un momento en que el encierro comenzó a concebirse no solo como castigo, sino también como una posibilidad de rehabilitación.

Durante finales del siglo XIX y buena parte del XX se adecuaron en el claustro varios espacios dedicados al aprendizaje de oficios. Allí funcionaron talleres de telar, alpargatería, herrería, carpintería, mecánica y fundición, entre otros.

El enrejado fue construido con la intención de separar la cárcel del patio del claustro, al que entonces se conocía como “el jardín de la penitenciaría”.

La fachada que daba hacia lo que hoy es el parque Próspero Pinzón también sufrió una transformación importante: fue cubierta por completo, borrando toda huella del antiguo atrio de la iglesia.

En 1966, todos los reclusos de la penitenciaría fueron trasladados a la cárcel El Barne, en Cómbita, Boyacá. Al año siguiente, un sismo destruyó cerca del 60 % de la edificación, que permaneció abandonada hasta 1979, cuando el Banco de la República asumió su restauración.

Antes de su función religiosa y de convertirse en cárcel, el claustro de San Agustín también sirvió como universidad, hospital e incluso cuartel del ejército.

TEMAS RELACIONADOS
Boyacá
Ver otros temas
Cargando...

Copyright © – Minuto60 – 2026

metricool pixel