Bloqueo de vías en el Catatumbo agrava crisis humanitaria y amenaza el abastecimiento
Comunidades rurales de Tibú y El Tarra enfrentan confinamiento, desplazamientos y escasez de alimentos por el cierre de corredores clave en la región.

El bloqueo de las principales vías en el Catatumbo, producto de los enfrentamientos entre grupos armados, empieza a generar una grave afectación a la movilidad y pone en riesgo el abastecimiento de alimentos y enseres básicos en varias comunidades rurales de Norte de Santander.
Uno de los corredores más impactados es la vía que conecta a Tibú con El Tarra, la cual permanece prácticamente cerrada desde hace más de una semana.
Así lo advirtió el obispo de Tibú, Israel Bravo Cortés, quien en declaraciones a Caracol Radio explicó que las restricciones impuestas por los grupos armados han paralizado el transporte entre ambos municipios. “Los dos grupos dijeron que no iban a dejar pasar. Eso hizo que no haya transporte; todo está bastante restringido”, señaló.
A esta situación se suma la complejidad en la vía Tibú–La Gabarra, donde persisten enfrentamientos armados. Según el obispo, el temor ha reducido al mínimo la circulación de personas. ‘La gente siente miedo de regresar. Hay muy poco movimiento; algunos se desplazan en motos, pero no existe tránsito normal’, explicó.
Le puede interesar: Crisis humanitaria sin freno: más de 100.000 personas desplazadas forzosamente en Colombia en 2025

Comunidades del Catatumbo afectadas por los bloqueos y la violencia armada. Archivo particular
Riesgo de desabastecimiento en zonas rurales
El cierre prolongado de las vías ya genera alertas por un posible desabastecimiento en varios corregimientos y caseríos del corredor rural. Comunidades como Pacelli, Versalles y Filogringo podrían enfrentar escasez de alimentos, medicamentos y otros productos básicos si la situación se mantiene.
Desde la Iglesia se insistió en que estas restricciones no solo profundizan la crisis humanitaria causada por el desplazamiento forzado, sino que agravan el confinamiento de poblaciones que permanecen en sus territorios sin acceso regular a servicios esenciales.
Le puede interesar: Tras atentado con granada en el oriente de Cali, autoridades ofrecen recompensa millonaria
¿Por qué el Catatumbo vuelve a cerrar el año bajo fuego?
Once meses después de la oleada de violencia que convirtió al Catatumbo en el mayor foco de desplazamiento del país, la región vuelve a cerrar el año bajo fuego. Pese a los anuncios de cese al fuego entre el ELN y el Frente 33 de las disidencias de las FARC por la temporada de fin de año, las comunidades rurales han quedado nuevamente atrapadas en medio de los combates.
Municipios como Tibú, El Tarra, Convención, Teorama y San Calixto registran desplazamientos y confinamientos recientes. De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, al menos 250 personas han salido de sus territorios en la última semana, mientras otras permanecen en riesgo.
Organizaciones humanitarias advierten que la situación podría escalar. El Consejo Noruego para Refugiados alertó que cerca de 6.000 habitantes enfrentan un riesgo inminente de confinamiento o desplazamiento forzado debido a la intensificación de los enfrentamientos.

Familias buscan refugio tras los ataques del ELN en la región del Catatumbo. Redes sociales
Catatumbo, zona estratégica y en disputa
La subregión del Catatumbo es estratégica por su ubicación en la frontera con Venezuela y su papel central en las economías ilícitas. Según datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la ONU, concentra unas 42.000 hectáreas de hoja de coca, lo que la convierte en un territorio clave para el narcotráfico y la disputa armada.
Le puede interesar: Combates entre grupos ilegales reactivan el desplazamiento forzado en el Catatumbo
Aunque el Gobierno ha incrementado la presencia de la fuerza pública y mantiene canales de diálogo con algunas estructuras armadas, las acciones violentas contra la población civil siguen poniendo en entredicho los avances de la política de Paz Total. La Defensoría del Pueblo reiteró su llamado a cesar los combates y permitir el ingreso de personal médico y ayuda humanitaria.
Mientras tanto, las comunidades del Catatumbo enfrentan un nuevo cierre de año marcado por el miedo, el aislamiento y la incertidumbre sobre su acceso a alimentos, salud y protección.
