¿Cómo puede afectar una ruptura amorosa la salud de una persona? Esto dice la psicología
Este 29 de julio se celebra el Día Internacional del Mal de Amores.

Las rupturas amorosas han tomado un espacio importante en las conversaciones de bienestar y salud mental, si bien hoy en día existe mayor información y herramientas para el acompañamiento de este proceso, para muchas personas los efectos de una decepción sentimental pueden ir más allá de la tristeza, impactando otros aspectos de la vida cotidiana como la salud física o el desempeño en ámbitos laborales y demás.
A propósito de la celebración del Día Internacional del Mal de Amores este 29 de julio, un grupo de especialistas de la Universidad Católica de Colombia y la Fundación Universitaria Juan N. Corpas advierten los efectos que pueden desencadenar este episodio en la vida de las personas, señalando las claves para una recuperación emocional saludable.
Al abordar el desamor desde la psicología, una ruptura de pareja puede experimentarse emocionalmente como una pérdida significativa que activa procesos de duelo similares a los que aparecen ante otras pérdidas importantes en la vida de una persona.
No se trata únicamente de una emoción aislada de tristeza, en una ruptura también se involucran transformaciones a nivel personal como proyectos, rutinas, expectativas de vida hacia el futuro e incluso aspectos sobre cómo nos concebimos a nosotros mismos en relación a cómo nos ven y valora otra persona.
Además, el vínculo afectivo suele convertirse en una fuente de seguridad emocional. Cuando este se rompe, es frecuente experimentar una combinación de tristeza, ansiedad, ira, culpa, incertidumbre e incluso síntomas físicos como alteraciones del sueño, del apetito o dificultades para concentrarse.
Para Mya Faride Gómez Triana, coordinadora de la Especialización en Psicología Clínica de la Universidad Católica de Colombia, “estos cambios tienen explicación psicológica y neurobiológica, por lo que no deben interpretarse como una señal de debilidad”.
¿Cómo se puede percibir una ruptura amorosa desde la salud física de las personas?
La ruptura de un vínculo amoroso también puede tener consecuencias que van mucho más allá del ámbito emocional. Además de afectar la salud mental, puede generar cambios físicos derivados de la respuesta del organismo al estrés.
“Alteraciones del sueño, disminución o aumento del apetito, fatiga, cefaleas, molestias gastrointestinales, tensión muscular e incluso cambios en la presión arterial son algunas de las manifestaciones que pueden aparecer, especialmente cuando el malestar se prolonga en el tiempo”, precisó Daniela Arango, directora de la Maestría en Salud Pública de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.
Asimismo, el estado de ánimo deprimido y el aumento sostenido el cortisol, la principal hormona del estrés, pueden influir de manera directa en el funcionamiento del sistema inmunológico.
A esto se suma que muchas personas, durante un proceso de desamor, modifican sus hábitos de alimentación, descanso y autocuidado como consecuencia de emociones difíciles de gestionar, lo que puede aumentar la sensación de cansancio y favorecer una mayor vulnerabilidad frente a enfermedades.
Por ello, es importante atravesar este proceso desde un estado de conciencia, en el que las personas puedan trabajar en pro de una recuperación emocional desde el autocuidado, respetando los procesos individuales y con respeto por las emociones que requiera afrontar cada vinculo.
La investigación en psicología muestra que la recuperación depende de múltiples factores: la calidad de la relación, la forma en que ocurrió la ruptura, el apoyo social disponible, el estilo de afrontamiento de cada persona y las experiencias previas de pérdida.
Una persona que se encuentra desmotivada, con poca energía, que duerme mal o no se alimenta adecuadamente suele experimentar una disminución de su capacidad para afrontar las actividades cotidianas.
Para Daniela Arango, directora de la Maestría en Salud Pública de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, “esto puede traducirse en dificultades para concentrarse, menor rendimiento académico o laboral, aislamiento social y una reducción del interés por compartir con otras personas, lo que puede perpetuar el malestar emocional”.
Por su parte, desde la teoría de la salutogénesis, propuesta por Aaron Antonovsky, es fundamental identificar y fortalecer los activos para la salud, entendidos como los recursos personales, familiares, sociales y comunitarios que ayudan a las personas a afrontar las adversidades y promover su bienestar.
Redes de apoyo, relaciones significativas, actividad física, trabajo, proyectos personales, contacto con la naturaleza, espiritualidad o actividades recreativas son ejemplos de activos que pueden favorecer una recuperación más saludable y fortalecer la capacidad de afrontar el proceso de duelo afectivo.
