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¿Puede un presidente decir "¡Viva Cristo Rey!" en una alocución? Esto dicen los expertos

La frase de Abelardo De La Espriella abrió una discusión sobre libertad religiosa, Estado laico y los límites de las expresiones en actos oficiales.

Abelardo De La Espriella generó una polémica con su frase "¡Viva Cristo Rey!". - Crédito: Colprensa y archivo particular.
Alexander Gómez Naranjo
Alexander Gómez NaranjoPeriodista
31 AGO 2026 - 15:35Actualizado: 31 AGO 2026 - 16:33

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La frase "¡Viva Cristo Rey!" con la que el presidente Abelardo de la Espriella cerró una reciente alocución volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la libertad religiosa de los funcionarios públicos y el carácter laico del Estado colombiano.

La expresión generó críticas de sectores políticos que consideran que el mandatario desconoció la neutralidad religiosa del Estado, mientras sus defensores argumentan que se trató de una manifestación de sus creencias personales.

En medio de la controversia, Minuto60 consultó a expertos en derecho constitucional para conocer cuáles son los límites que tiene un presidente para expresar públicamente su fe.

¿Puede un funcionario público expresar sus creencias?

El abogado constitucionalista Juan Manuel Charry considera que los funcionarios, independientemente de su jerarquía, conservan los derechos a la libertad religiosa y a la libertad de expresión.

Según su interpretación, que Colombia sea un Estado laico no significa que las personas que ejercen cargos públicos deban abstenerse de manifestar sus creencias.

El Estado es laico, pero las personas tienen libertad religiosa y libertad de expresión. Los funcionarios, por supuesto, la tienen.

Juan Manuel Charry, abogado constitucionalista.

Para el constitucionalista, el límite aparece cuando una autoridad utiliza sus funciones para favorecer o perjudicar una determinada religión.

Es decir, un funcionario puede manifestar que es creyente o simpatizante de una confesión religiosa, pero no podría utilizar el poder estatal para beneficiar a una iglesia, imponer una creencia o tomar decisiones oficiales en contra de quienes profesen otra.

El límite estaría en las decisiones oficiales

El abogado explicó que el carácter laico del Estado implica que las autoridades no pueden utilizar sus competencias para beneficiar o perjudicar a una determinada confesión religiosa.

Por ejemplo, un funcionario no podría tomar decisiones administrativas, tributarias o institucionales con el propósito de favorecer a una iglesia o presionar a los ciudadanos para que adopten una determinada creencia. "Lo que no pueden hacer es tomar decisiones en favor o en contra de una determinada religión", sostuvo.

En ese sentido, Charry considera que la expresión de una creencia personal por parte de un funcionario no necesariamente equivale a una actuación estatal contraria al principio de laicidad.

Otra mirada: no habría una violación penal

Por su parte, el abogado constitucionalista e internacionalista Juan Carlos Portilla coincide en que existe un derecho fundamental a la libertad religiosa y de expresión, aunque advierte que el presidente debe tener especial cuidado por tratarse del jefe de Estado.

Portilla sostuvo que la expresión "¡Viva Cristo Rey!" no constituye, a su juicio, una conducta tipificada en el Código Penal ni compromete de manera grave un derecho constitucional.

"Con su declaración 'Viva Cristo Rey', no viola ningún tipo de conducta tipificada en el Código Penal", afirmó el abogado.

El jurista recordó además que Colombia hace parte del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, instrumentos que reconocen la libertad de expresión y la libertad religiosa.

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El límite: que el Estado siga siendo laico

Sin embargo, Portilla hizo una precisión frente al contexto en el que un mandatario expresa sus creencias.

Colombia, explicó, es un Estado laico y no confesional. Por esa razón, el presidente puede ejercer personalmente su libertad religiosa, pero debe evitar utilizar los medios y recursos oficiales para promover una determinada confesión.

El presidente tiene que tener mucho cuidado en no utilizar los medios oficiales para hacer un tipo de expresión de su credo religioso.

Juan Carlos Portilla, abogado constitucionalista.

En su concepto, no existe inconveniente en que un presidente asista a una ceremonia religiosa o manifieste públicamente que profesa una determinada fe. El problema surgiría si desde el Gobierno se ejerciera presión para modificar el carácter laico del Estado o favorecer institucionalmente una religión.

"No hay ningún problema que él vaya a la Eucaristía Católica. Lo importante es que no se ejerza una presión por parte del gobierno para que el Estado deje de ser laico y se convierta en un Estado confesional", explicó Portilla.

¿Qué significa que Colombia sea un Estado laico?

La discusión gira, por tanto, alrededor de una diferencia fundamental: la laicidad del Estado no necesariamente implica que sus funcionarios deban ser neutrales frente a sus propias creencias personales.

Lo que exige el principio de laicidad es que las instituciones públicas no adopten decisiones para imponer, favorecer o perjudicar una determinada religión.

Desde esta perspectiva, tanto Charry como Portilla consideran que los funcionarios conservan su libertad religiosa y de expresión, aunque advierten sobre los límites que pueden surgir cuando esas expresiones se mezclan con el ejercicio del poder público.

La discusión cobra especial relevancia en el caso de De la Espriella porque la frase fue pronunciada al finalizar una alocución presidencial, es decir, en un contexto institucional.

Otros expertos se pronuncian sobre la frase

La abogada Sindy Franco coincidió en que el carácter laico de Colombia no implica excluir las expresiones religiosas del espacio público. Según explicó, la Constitución protege la libertad de conciencia, expresión y religión, también para quien ocupa la Presidencia.

Franco señaló que la neutralidad del Estado significa que este no puede imponer una religión ni favorecer una creencia sobre otra. Sin embargo, consideró que una expresión personal de fe no necesariamente contradice ese principio, siempre que no exista imposición o adhesión institucional exclusiva a una religión.

En la misma línea, el abogado Wilmer Betancourt sostuvo que decir “¡Viva Cristo Rey!” constituye una manifestación de una convicción religiosa, pero no significa por sí misma que el cristianismo se convierta en la religión oficial de Colombia ni que se obligue a los ciudadanos a compartirla.

Betancourt hizo énfasis en que la laicidad debe garantizar tanto el derecho de los creyentes a expresar sus convicciones como el de quienes profesan otras religiones o no tienen ninguna. A su juicio, el límite estaría en utilizar el poder público para imponer una creencia, privilegiar institucionalmente una iglesia o discriminar por razones religiosas.

La polémica comenzó desde la posesión presidencial

El debate sobre las expresiones religiosas del mandatario no comenzó con el reciente “¡Viva Cristo Rey!”.

Durante la posesión presidencial también se presentaron cuestionamientos por las oraciones y referencias religiosas incluidas en la ceremonia. Posteriormente, De la Espriella ofreció disculpas a quienes se hubieran sentido ofendidos por esas expresiones.

Sin embargo, al finalizar su posterior alocución, el mandatario volvió a utilizar una expresión de carácter religioso: “¡Viva Cristo Rey!”.

La frase provocó nuevas críticas de sectores de oposición, mientras dirigentes y simpatizantes del Gobierno salieron en defensa del presidente y de su derecho a manifestar sus convicciones.

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imagen dada

Abelardo De La Espriella durante su posesión presidencial el pasado 7 de agosto. Crédito: Colprensa.

Un debate que podría continuar en los tribunales

La controversia también tiene un componente judicial, pues las expresiones del presidente han sido objeto de cuestionamientos relacionados con la neutralidad religiosa del Estado.

Para Charry, la manifestación final de De la Espriella puede entenderse como una expresión de carácter personal y será la autoridad judicial correspondiente la que deberá determinar si, dadas las circunstancias, se vulneró alguna obligación constitucional.

Portilla, por su parte, considera que la expresión no configura una conducta penal y que el análisis debe centrarse en mantener el equilibrio entre las libertades individuales del mandatario y el deber de preservar el carácter laico del Estado.

Así, el debate no se limita a determinar si un presidente puede decir "¡Viva Cristo Rey!", sino a establecer hasta dónde puede llegar la expresión personal de las creencias de un funcionario cuando esta se produce en el marco de una comunicación oficial.

Portilla cerró su análisis haciendo énfasis en que, además de esta discusión, el Gobierno enfrenta otros asuntos de mayor urgencia para el país, entre ellos la violencia, las finanzas públicas y la atención de la emergencia provocada por el terremoto.

Por ahora, la discusión jurídica continúa abierta y podría sumar nuevas interpretaciones de expertos sobre los límites entre la libertad religiosa, la libertad de expresión y la neutralidad del Estado colombiano.

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