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La historia de Yeison Jiménez, el muchacho de barrio que terminó cantándole a todo un país

Desde un pueblo de Caldas hasta los escenarios más grandes del país, Yeison Jiménez construyó una carrera marcada por la lucha y la música.

La historia de Yeison Jiménez, el muchacho de barrio que terminó cantándole a todo un país
Yeison Jiménez siempre estuvo orgulloso de su origen humilde. - Crédito: AFP y redes sociales.

Yeison Orlando Jiménez Galeano nació el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas, un pueblo pequeño donde los sueños parecían tan grandes como lejanos. Creció en el seno de una familia trabajadora y desde niño encontró en la música un refugio.

A los siete años de edad ya se subía a tarimas improvisadas, participaba en festivales locales y ganaba concursos que, más que premios, le confirmaban que cantar era su destino.

Mientras crecía, la vida se encargó de ponerle obstáculos. Tras la separación de sus padres, se mudó con su madre y su hermana a Bogotá, un cambio abrupto que lo enfrentó a carencias económicas y a una dura realidad.

Yeison contó en múltiples entrevistas, con franqueza, sobre esta etapa: una juventud marcada por decisiones difíciles, por haber probado drogas en la adolescencia y por crecer en barrios donde la violencia y la exclusión eran parte del paisaje cotidiano.

Aun así, nunca soltó el sueño. Yeison Jiménez siguió buscando oportunidades cuando parecía que no había ninguna.

Antes de que su nombre llenara afiches y escenarios, trabajó en plazas de mercado, cantó en buses, bares y pequeños locales, y destinó cada peso que ganaba a grabar sus primeras canciones en CD, que él mismo repartía entre el público. Era su forma de decir que estaba ahí, resistiendo, cantándole a la vida mientras esperaba su momento.

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El ascenso de un ícono de la música popular

El nombre de Yeison Jiménez dejó de ser solo una voz para convertirse en una bandera. Con el paso de los años, se consolidó como uno de los artistas más importantes de la música popular colombiana, un género que aprendió a honrar y a renovar, mezclando la herencia de la música ranchera y los sonidos tradicionales mexicanos con el sentir colombiano.

Sus canciones no solo sonaban: acompañaban. Temas como Aventurero, Ya no mi amor y Se acabó se volvieron refugio, desahogo y consuelo para millones de personas. Sonaron en cantinas, en casas humildes, en carros y en radios de toda Latinoamérica. Con Se acabó, Yeison alcanzó el número uno simultáneo en radios de ocho países, una hazaña inédita para un artista de música popular colombiano.

Nada de eso fue producto del azar. Su éxito nació de una voz rasgada por la vida, de letras que hablaban sin adornos del amor, la pérdida y la resistencia, y de una cercanía genuina con su público. Yeison cantaba como quien cuenta su propia historia y, por eso, miles se vieron reflejados en cada verso. Lo que comenzó en escenarios pequeños, donde el aplauso era escaso, terminó en conciertos multitudinarios dentro y fuera de Colombia, con un público que coreaba cada palabra como si fuera propia.

El punto más alto de ese camino llegó el 26 de julio de 2025. Esa noche, en su cumpleaños, Yeison Jiménez llenó por completo el estadio El Campín, en Bogotá, ante más de 45.000 personas. No fue solo un concierto: fue la confirmación de que el muchacho que cantó para sobrevivir había conquistado uno de los escenarios más grandes del país. Un momento histórico para su carrera y para la música popular colombiana.

Más allá de la música

Yeison también fue conocido por su cercanía con la familia y sus seguidores. Estuvo muchos años con su esposa, Sonia Restrepo, con quien tuvo dos hijos y una relación que compartía de manera constante en redes sociales.

Además de la música, incursionó en los negocios con productos, inversiones inmobiliarias y proyectos empresariales que pretendían diversificar su carrera y garantizar estabilidad familiar.

Incluso, enfrentó momentos complicados propios del mundo del espectáculo, como tensiones con el público o problemas de salud durante algunas giras, siempre con la voluntad de continuar adelante.

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El legado de Yeison Jiménez

Yeison Jiménez le cantaba al amor que dolía, al desamor que marca, a la esperanza que resiste y a la lucha diaria de quienes nunca se rinden. En cada letra dejó fragmentos de su propia vida, y en ese gesto logró que millones se sintieran acompañados y comprendidos. Su carrera rompió barreras y prejuicios.

Jiménez llevó la música popular colombiana a escenarios que antes parecían imposibles, la hizo sonar con fuerza en estadios, radios y plataformas digitales, y le dio un lugar protagónico dentro de la cultura popular del país. No cantaba desde la distancia: cantaba desde la experiencia, desde la herida y desde la verdad.

Hoy, cuando su voz ya no sonará más en vivo, su música seguramente permanecerá. Y se seguirá escuchando en radio y en las plataformas digitales que lo mantendrán vigente; y en la memoria de quienes encontraron en sus temas una compañía en los momentos más difíciles.

La historia de Yeison Jiménez, el hombre que pasó de cantar en pequeños escenarios, y trabajar en Corabastos, queda como un testimonio de perseverancia, talento y fe en los sueños, una voz que se apaga en el escenario, pero no en el corazón de su gente.

Información compilada y escrita por María Fernanda Sierra.

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