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El legado de su padre: la historia familiar que definió la vida pública de Iván Cepeda

El asesinato de Manuel Cepeda marcó la vida de Iván Cepeda y lo llevó a dedicar su carrera política a la búsqueda de justicia.

Iván Cepeda y su padre, Manuel Cepeda Castro - Crédito: Colprensa / Fotomontaje Minuto60
Ma. Fernanda López
Ma. Fernanda López Periodista
31 MAY 2026 - 22:20Actualizado: 31 MAY 2026 - 22:23

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El destino, o lo que dirían las abuelas colombianas: “lo que ya estaba por suceder”, fue lo que terminó encaminando a Iván Cepeda hacia el mundo político. Aquel martes 9 de agosto de 1994, la voz fuerte, revolucionaria y luchadora que había inspirado su niñez y juventud se apagó a manos de un numeroso grupo de sicarios.

La primera pérdida para Iván Cepeda: ¿quién fue Yira Castro?

Pero 11 años atrás, el temible rostro de ‘La Parca’ ya había golpeado la puerta de los Cepeda Castro. Lo hizo de forma silenciosa y devastadora, dejando a Yira, su madre, atrapada entre la vida y la muerte durante varios meses. Un tumor cerebral la apartó de las causas que habían marcado su existencia: su papel en el Partido Comunista, la escritura de crónicas y ensayos, y su trabajo en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales.

imagen dadaLa familia Cepeda Castro con el pequeño Iván. Suministrado


La enfermedad la llevó a permanecer postrada en una silla de ruedas y a emprender viajes por Cuba y Rusia en busca de una respuesta médica que aliviara su sufrimiento. Al final, tras una lucha incansable, llegó el momento de despedirse con un beso de sus amados hijos.

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La mujer de 39 años dejó una huella profunda en miles de personas que compartieron y admiraron su lucha, sus ideas y su pensamiento político. La magnitud de ese legado quedó reflejada el día de su despedida. Cientos y cientos acompañaron el recorrido de su féretro en una muestra de afecto y reconocimiento que trascendió los círculos políticos.

En Bogotá, murales con su rostro comenzaron a aparecer como símbolo de memoria y resistencia, mientras que varios periodistas dedicaron páginas y titulares a recordar su vida, su trabajo y la marca que dejó en quienes la conocieron y siguieron su causa.

A pesar del difícil momento, la familia Cepeda Castro no paró de recibir amenazas, que en esa época y por la labor de Manuel y Yira —padres de Iván Cepeda— se volvieron el pan de cada día.

Iván optó por proteger su vida y tomó el camino del exilio hacia Bulgaria. Allí, lejos de Colombia y de la realidad que había marcado a su familia, tomó una decisión que pocos habrían anticipado: estudiar Filosofía y Teología. La elección resultaba llamativa, especialmente porque sus padres nunca tuvieron una relación cercana con la religión, al menos no con la estructura que representaba la Iglesia católica de aquella época.

imagen dadaIván Cepeda cuando estaba estudiando, junto a su padre Manuel Cepeda Vargas. Suministrado


Sin embargo, en medio de la distancia, la incertidumbre y la búsqueda de respuestas, esas disciplinas se convirtieron en una forma de entender el mundo, reflexionar sobre la condición humana y dar sentido a una etapa profundamente transformadora de su vida.

El legado de Manuel Cepeda

Muchos sostienen que la sentencia de muerte de Manuel Cepeda Vargas fue escrita por aquello que mejor sabía hacer: la palabra. Meses antes del atentado que acabaría con su vida, el dirigente de izquierda protagonizó una de las intervenciones más recordadas de su carrera política.

Corría octubre de 1993 y, en medio de un debate en el Congreso, tomó la palabra para señalar con nombre propio a varios altos mandos de las Fuerzas Militares que, según denunció, habrían participado en la planeación de una estrategia de persecución contra la oposición.

Esos señalamientos quedarían vinculados a lo que se conoció como la ‘Operación baile rojo’ o el ‘Plan golpe de gracia’, una ofensiva para exterminar a la Unión Patriótica (UP). Los nombres de los generales Rodolfo Herrera Luna, Ramón Emilio Gil Bermúdez y Harold Bedoya Pizarro fueron escuchados en la plenaria, como miembros de dicha estrategia de “limpieza” que incluía a Manuel Cepeda Vargas como un blanco militar.

imagen dadaManuel Cepeda Vargas lideró durante muchos años el movimiento político de izquierda de la época. Colprensa / Fotomontaje Minuto60


El día del crimen de Manuel Cepeda Vargas

Aunque Iván Cepeda admiraba profundamente a su padre, durante algunos años encontró mayor afinidad con los ideales de la Alianza Democrática M-19. Esa cercanía ideológica lo llevó a tomar distancia de Manuel Cepeda, a quien consideraba representante de una visión política más radical.

El joven decidió apartarse de la tradición de los Cepeda Castro y acercarse a las banderas del progresismo y la participación democrática que promovía el partido surgido tras el acuerdo de paz firmado entre esa guerrilla y el gobierno de Virgilio Barco.

Sin embargo, una vez más la violencia lo apartó de la vida pública. Ante los constantes ataques contra los líderes de izquierda con los que simpatizaba, Iván Cepeda decidió concentrar sus esfuerzos en la academia. Se desempeñó como profesor de filosofía en la Universidad INCCA y en la Universidad Javeriana, convencido de que la reflexión y el conocimiento podían abrir caminos distintos a la confrontación. Pero un día trágico volvió a sacudir su vida y transformó, una vez más, el rumbo de su pensamiento.

La familia Cepeda Castro sabía que la muerte rondaba cada vez más cerca. Las denuncias que Manuel Cepeda había lanzado con vehemencia desde el Congreso habían encendido las alarmas y aumentado el temor de quienes lo rodeaban. Consciente de esa amenaza, Iván había tomado una decisión íntima y dolorosa: abrazar a su padre todos los días con una intensidad inusual, como si cada despedida pudiera ser la última.

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La mañana del 9 de agosto de 1994 fue distinta. Como era habitual, Iván Cepeda podía acompañar a su padre en el trayecto, pero ese día decidió quedarse para atender un compromiso que lo llevaría por otro camino. Antes de salir, lo abrazó una vez más y observó cómo Manuel Cepeda cruzaba la puerta de la casa para subir al vehículo en el que se movilizaba. A pesar de ser uno de los senadores más amenazados de la época, no contaba con ningún esquema de blindaje que garantizara su seguridad.

De camino al Congreso, Manuel Cepeda viajaba leyendo el diario El Tiempo mientras su conductor avanzaba por la avenida Las Américas con carrera 74. Lo que ocurrió después se desarrolló en apenas unos segundos.

Todo parecía estar calculado con precisión: un Renault blanco se ubicó junto al costado donde iba el senador y, casi al mismo tiempo, una motocicleta apareció por el otro lado. Fue una emboscada ejecutada a plena luz del día que acabó con la vida de Cepeda Vargas ante la mirada atónita de decenas de testigos.

imagen dadaEl magnicidio de Manuel Cepeda Vargas ocurrió el 9 de agosto de 1994 en Bogotá. Colprensa / Fotomontaje Minuto60


Aunque en el lugar se desató una balacera, fue un solo disparo el que resultó letal. La bala impactó la región occipital de Manuel Cepeda y, de manera instantánea, su cuerpo cayó sobre el asiento del conductor. En cuestión de segundos se apagó para siempre la voz de uno de los líderes políticos más visibles de la izquierda colombiana.

Iván Cepeda y su sed de justicia

Desde aquella mañana, Iván Cepeda dedicó su vida a una causa que marcaría para siempre su trayectoria. Con una determinación inquebrantable, trabajó durante años para buscar justicia por el asesinato de Manuel Cepeda Vargas y para impedir que la memoria de su padre, a quien admiraba profundamente, quedara sepultada por el olvido.

Su lucha se convirtió también en una defensa de la verdad, la memoria y los derechos de las víctimas en Colombia.

Apenas una semana después del asesinato, Iván Cepeda creó la Fundación Manuel Cepeda Vargas y comenzó una búsqueda incansable de justicia. Durante años recopiló pruebas, siguió pistas y reconstruyó el caso pieza por pieza, incluso cuando la justicia avanzaba con lentitud.

Su persistencia permitió condenar a dos de los autores materiales del crimen, pero la lucha estaba lejos de terminar. Las amenazas lo obligaron a exiliarse en Francia en el año 2000, desde donde continuó investigando y persiguiendo a los responsables intelectuales del asesinato de su padre.

Años después volvió al país, sin ceder ni un centímetro en su objetivo continuó indagando y trabajando en pro de las víctimas del conflicto armado y la violencia.

imagen dadaIván Cepeda ahora es el único candidato de izquierda en la contienda presidencial. Colprensa


Su perseverancia terminó dando resultados. En 2008, el Consejo de Estado ordenó indemnizar a la familia de Manuel Cepeda Vargas, pero él renunció al dinero. Lo que realmente buscaba era el reconocimiento de la verdad. La sentencia también exigía que el Estado pidiera perdón públicamente y admitiera su responsabilidad por la negligencia y la participación de integrantes de las Fuerzas Militares en el crimen.

Aunque el gobierno de Álvaro Uribe no cumplió esa orden, el acto finalmente se realizó en 2011, durante la presidencia de Juan Manuel Santos. Ante el país y los medios internacionales, el entonces ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, reconoció la responsabilidad del Estado y pidió perdón a la familia de la víctima.

Más de tres décadas después del asesinato de Manuel Cepeda Vargas, la búsqueda de justicia sigue siendo una de las causas que definieron la vida de Iván Cepeda. Lo que comenzó como el dolor de un hijo que perdió a su padre en medio de la violencia política terminó convirtiéndose en una lucha por la verdad, la memoria y los derechos humanos.

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