¿Por qué el Gobierno volvió a subir el precio de la gasolina si lo había bajado dos veces?
Tras dos meses de reducción en el precio de la gasolina, el Gobierno revirtió la tendencia y volvió a subir el combustible.

Durante febrero y marzo de 2026, el Gobierno colombiano sorprendió al país con una decisión poco común en los últimos años: bajar el precio de la gasolina. En total, el ajuste acumulado fue cercano a los $1.000 por galón, con reducciones mensuales de aproximadamente $500, lo que llevó el precio promedio en ciudades principales a rondar los $15.000.
Para muchos conductores, fue un alivio en medio de meses de incrementos constantes que habían llevado el combustible a niveles cercanos a los $16.000.
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En ese momento, desde el Gobierno se defendió la medida como una señal de estabilidad y control. Incluso, voces oficiales aseguraron que “existían condiciones para aliviar el bolsillo de los colombianos” y que el país podía empezar a ver una moderación en los precios de los combustibles. Sin embargo, ese escenario duró poco. Desde el 1 de abril de 2026, el precio volvió a subir, esta vez en cerca de $375 por galón, marcando un giro que generó dudas y críticas.
Argumentos para el aumento del precio de la gasolina
La explicación principal está fuera de lo que pasa en Colombia, pues el precio internacional del petróleo volvió a subir con fuerza, superando la barrera de los 100 dólares por barril, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente y restricciones en la oferta global. Este factor es determinante, porque aunque Colombia es productor de petróleo, no es autosuficiente en combustibles refinados, lo que la obliga a importar parte de la gasolina que consume.
Cuando el petróleo sube en el mundo, el costo real de producir o importar gasolina también se incrementa. Si el precio interno no se ajusta, la diferencia debe ser cubierta por el Estado y ahí entra uno de los puntos más sensibles de esta discusión: el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).
El FEPC fue creado para evitar que los colombianos enfrenten subidas bruscas en los precios de la gasolina y su lógica se resalta cuando el precio internacional está por encima del local, el Estado subsidia; cuando está por debajo, recupera. El problema es que en los últimos años el fondo ha acumulado un déficit millonario, convirtiéndose en una carga para las finanzas públicas.
Al cierre de 2025, el déficit del FEPC ya se estimaba en varios billones de pesos, y las proyecciones indicaban que podría seguir creciendo si se mantenían los precios artificialmente bajos. En su momento, expertos advirtieron que “cada mes sin ajustes en los precios puede significar un aumento significativo en el hueco fiscal”, lo que presiona directamente el presupuesto nacional.
El Gobierno tenía dos caminos: mantener los precios bajos y aumentar el déficit, o subirlos y trasladar parte del costo al consumidor. La decisión de abril muestra que optó por lo segundo, en línea con la necesidad de contener el impacto fiscal.
Pero más allá de los factores técnicos, hay un componente político que no pasa desapercibido. Las reducciones de febrero y marzo coincidieron con un ambiente electoral, lo que llevó a cuestionamientos sobre si la medida tenía un trasfondo más estratégico que económico. Para algunos analistas, la baja en los precios ayudó a mejorar la percepción ciudadana en un momento clave, mientras que el aumento posterior evidencia que ese margen era temporal.
De hecho, en medio de ese debate, expertos llegaron a sugerir que “bajar la gasolina en ciertos momentos puede tener un impacto inmediato en la inflación y en el ánimo de los consumidores”, lo que convierte esta decisión en una herramienta con efectos tanto económicos como políticos.
Otros factores que inciden en el precio de la gasolina
A esto se suman otros factores internos que también influyen en el precio final del combustible como la tasa de cambio es uno de ellos y es un dólar alto encarece las importaciones, incluida la gasolina. También están los costos de transporte, distribución, márgenes de comercialización e impuestos, que hacen que el precio del galón en Colombia sea el resultado de múltiples variables.
En conjunto, lo que ocurrió en estos meses no es necesariamente una contradicción, sino el reflejo de un sistema que intenta equilibrar intereses opuestos. Por un lado, la necesidad de proteger el bolsillo de los ciudadanos; por el otro, la obligación de mantener sostenibles las finanzas públicas.
El episodio deja en evidencia una realidad estructural: Colombia no tiene un control absoluto sobre el precio de la gasolina. Depende en gran medida de lo que ocurra en los mercados internacionales, del comportamiento del dólar y de la capacidad fiscal del Estado.
En ese sentido, el FEPC actúa como un amortiguador, pero no como una solución definitiva. Cada vez que se utiliza para contener los precios, se acumula una presión que tarde o temprano debe corregirse, ya sea con aumentos o con ajustes fiscales.
Al final, la pregunta no es solo por qué subió la gasolina después de haber bajado, sino cuánto tiempo puede sostenerse un modelo que intenta desacoplar los precios internos de la realidad internacional. Por ahora, lo ocurrido en abril parece dejar una conclusión que radica en que el alivio fue temporal, y el costo de mantenerlo resultó más alto de lo previsto.