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Crónica | 10 años después de su primer título en la Premier, Leicester cayó a tercera división

Lo que alguna vez fue un modelo de éxito en el fútbol inglés ‘low cost’ hoy se enfrenta a uno de sus momentos más oscuros.

Leicester cayó a tercera división. - Crédito: Foto: AFP
Sara Casallas
Sara CasallasPeriodista
21 ABR 2026 - 17:10Actualizado: 21 ABR 2026 - 22:10

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El Leicester City, campeón de la Premier League en el 2016 contra todo pronóstico, descendió a la tercera categoría del fútbol inglés tras una temporada desastrosa en la Championship que terminó por sellar su caída definitiva. Exactamente hace un año escribió una de sus letras doradas al ganar el único título de primera división de toda su historia.

El empate 2-2 frente al Hull City fue el golpe final. Un resultado que no solo reflejó lo que fue su campaña, sino que también evidenció los problemas estructurales de un equipo incapaz de sostener ventajas, competir con regularidad y responder en momentos límite.

El descenso se confirmó con dos jornadas de anticipación y convirtió al Leicester en uno de los pocos clubes en la era moderna en encadenar dos caídas consecutivas: de la Premier League a la Championship y, ahora, a la League One.

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Una temporada marcada por el colapso

El Leicester no cayó en un solo partido. Cayó durante meses. La segunda vuelta fue sencillamente insostenible. El equipo apenas logró una victoria en sus últimos 18 partidos, una racha que terminó por condenarlo sin margen de reacción.

En números globales, la campaña ha sido preocupante. El equipo siempre se movió en la zona baja de la tabla durante gran parte del año y hoy está estacionado en el puesto 23 con poco más de 42 puntos, con una diferencia de gol negativa y sin capacidad de reacción en el tramo decisivo.

El rendimiento en 2026 fue especialmente crítico: apenas dos victorias en todo el año calendario y una caída progresiva desde posiciones cercanas al playoff en diciembre hasta el descenso consumado meses después. El problema no fue puntual. Fue estructural.

Jugadores que no respondieron

El proyecto deportivo del Leicester estaba sostenido sobre una base de jugadores con experiencia en Premier League, pero que nunca lograron trasladar ese nivel al campo.

Nombres como Ricardo Pereira, Harry Winks, Jannik Vestergaard, Jamaal Lascelles o Bobby De Cordova-Reid formaban parte de una plantilla con recorrido, pero que no logró sostener regularidad ni liderazgo en los momentos más críticos.

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A esto se sumó un rendimiento irregular en todas las líneas. Problemas defensivos constantes, falta de contundencia ofensiva y errores individuales en momentos clave terminaron por construir una campaña sin respuestas.

Incluso en el partido definitivo, el equipo mostró esa fragilidad. Llegó a ponerse en ventaja, pero volvió a ceder terreno hasta permitir el empate que terminó sellando el descenso.

Inestabilidad en el banquillo

El Leicester tampoco encontró estabilidad desde la dirección técnica. Durante la temporada, el club pasó por varios entrenadores, incluyendo el español Martí Cifuentes, antes de terminar bajo el mando de Gary Rowett, quien no logró revertir la dinámica negativa del equipo.

Los constantes cambios reflejan una falta de rumbo deportivo. Ningún proyecto logró consolidarse y el equipo nunca encontró una identidad clara dentro del campo.

La falta de continuidad en el banquillo terminó trasladándose al rendimiento, generando un equipo sin estructura, sin automatismos y sin capacidad de reacción ante la adversidad.

Problemas dirigenciales y sanciones

Más allá de lo deportivo, la crisis del Leicester también tiene raíces fuera del campo. El club fue sancionado con una deducción de seis puntos por incumplir normas financieras, una penalización que terminó siendo determinante en la lucha por la permanencia.

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Sin esa sanción, el equipo habría estado fuera de la zona de descenso en varios tramos de la temporada, lo que evidencia el impacto directo de las decisiones administrativas en el resultado final.

A esto se suma una gestión cuestionada en la planificación deportiva, con una plantilla costosa pero mal equilibrada y sin respuestas en momentos clave.

El descenso no fue solo consecuencia de malos resultados. Fue el resultado de una suma de decisiones acumuladas.

Del cielo del 2016 al infierno actual

El contraste es brutal. En el 2016, Leicester City protagonizó una de las mayores hazañas en la historia del fútbol al conquistar la Premier League bajo la dirección de Claudio Ranieri, desafiando probabilidades de 5.000 a una.

Aquel equipo quedó grabado en la memoria del fútbol mundial. Kasper Schmeichel en el arco; una defensa sólida con Wes Morgan y Robert Huth; el despliegue de N’Golo Kanté en el mediocampo; la creatividad de Riyad Mahrez; y, sobre todo, los goles de Jamie Vardy, máximo referente ofensivo de ese título histórico.

También formaban parte de esa plantilla jugadores clave como Danny Drinkwater, Marc Albrighton, Christian Fuchs y Shinji Okazaki, todos engranajes de un equipo que combinó disciplina táctica, intensidad y una eficacia letal en transición.

Un futuro incierto

El descenso a League One no es solo un golpe deportivo, sino administrativo y económico a un club que demostraba que se podía acabar con la hegemonía de los Manchester City, Liverpool o Chelsea. Es un punto de inflexión.

El Leicester deberá reconstruirse desde cero, redefinir su modelo deportivo y tomar decisiones clave para evitar que la caída se prolongue en el tiempo. Lo que alguna vez fue un modelo de éxito en el fútbol inglés ‘low cost’ hoy se enfrenta a uno de sus momentos más oscuros.

El Leicester pasó de desafiar la lógica y conquistar la Premier League a convertirse en un símbolo de cómo una mala gestión, sumada a un rendimiento deportivo deficiente, puede arrastrar a cualquier club, incluso a los que tocaron la gloria, hasta el fondo del sistema.

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