Entrevista | “Perdí el trabajo de mi vida”: el drama de una pareja que el terremoto le arrebató todo
Minuto60 conoció el relato de una víctima que vio su casa derrumbarse ante sus ojos mientras lograba escapar de los escombros. Esta es su historia.

El terremoto que sacudió a Colombia el pasado lunes golpeó en mayor magnitud las regiones del Eje Cafetero, Chocó y Valle del Cauca, dejando un total de 25.862 familias damnificadas, de acuerdo con el más reciente informe entregado por el presidente Abelardo De La Espriella, que suman más de 53.000 personas afectadas en todo el territorio nacional.
El terremoto de magnitud 7.4 dejó a cientos de familias con viviendas destruidas antes sus ojos, no solo derrumbó paredes, también se llevó años de recuerdos, fotografías, muebles y el lugar que llamaban hogar. Minuto60 recogió el relato de una de las víctimas que ahora debe comenzar de cero, una historia que refleja el dolor de miles de familia hoy.
La mañana que todo cambió: “Fue aterrador y desgarrador”
A las 7:34 de la mañana, la vida de Óskar Ortíz cambió en cuestión de segundos. La alerta del teléfono alcanzó a advertirle a él y a su esposa mientras empezaban a sentir el movimiento. La incertidumbre y el miedo llegaron segundos después. Las paredes comenzaron a estremecerse y aquello que, durante años había sido su casa, dejó de sentirse como un lugar seguro.
El terremoto no dio tiempo para pensar demasiado. Aunque, inicialmente pensaban resguardarse bajo el marco de la puerta, los segundos pasaron y la sensación de peligro empezó a ser más latente, al punto que decidieron bajar desde el tercer piso mientras las escaleras se desprendían.
Salieron dejando todo atrás, Óskar lo recuerda como una película de terror, “los escombros me empezaban a caer en los hombros”. Mientras bajaban, el movimiento comenzó a sentirse con una fuerza que ya no permitía dudar. Las escaleras se zarandeaban y comenzaban a destruirse.
La torre donde estaba su apartamento comenzó a moverse de un lado a otro. Óskar la describe como si se estuviera “serruchando a sí misma”.
Durante unos segundos, quiso creer que todavía podía sostenerse. “Por favor, no te caigas. Por favor, sostente”, pensaba mientras miraba el edificio, pero no se sostuvo.
Mientras una parte de la estructura se desplomaba sobre el apartamento de abajo como fichas de dominó, incrementaron los gritos. Las vecinas del cuarto piso no habían alcanzado a bajar. Seguían allí, asomadas, pidiendo ayuda. “Los gritos de las personas eran desgarradores”, recuerda.
Afortunadamente, las personas atrapadas no murieron, finalmente pudieron ayudarlas a salir. Pero la imagen de aquellas mujeres pidiendo auxilio quedó grabada en la memoria de Óskar.
Afuera, vio cómo su apartamento se desplomaba. Había terminado de pagarlo apenas seis meses antes. Hoy, él y su esposa no tienen casa, ropa ni pertenencias, pero intentan reconstruir su vida con la ayuda de familiares, amigos y desconocidos.
“Estaba perdiendo el trabajo de mi vida, literalmente se estaba desplomando mi trabajo”, recuerda.
Años de trabajo en una casa que hoy son escombros
Óskar es periodista. Antes de llegar a los medios, como muchos jóvenes, trabajó en lo que encontró, siguiendo el ejemplo de su familia con mucho esfuerzo para salir adelante.
Durante años guardó parte de su salario con un objetivo muy concreto y era cumplir el sueño de tener una vivienda propia. Su compromiso por pagar su hogar lo más rápido posible lo hizo reducir gastos y vacaciones, con el fin de tener la certeza de su propiedad.
El esfuerzo terminó en febrero del 2026, cuando finalmente pagó el apartamento. Seis meses después, lo vio caer e infortunadamente no logró a estar cubierto por el seguro del crédito que tenía mientras estaba pagando el inmueble.
Después de la emergencia, Óskar habló con el administrador del edificio para saber qué ocurriría con el seguro. La respuesta fue devastadora: “Perdió su apartamento”.
Por reducción de gastos, la administración de su apartamento disminuyó el cubrimiento de la póliza este año. “Solo cubre fachadas”, le respondieron desde la administración.
Ahora intenta averiguar qué posibilidades tiene, qué cubre realmente el seguro y qué alternativas existen. Pero hay algo que tiene claro y es que no quiere embarcarse en un proceso judicial que pueda durar años y que además implique gastar dinero que hoy no tiene.
Después del derrumbe, Óskar y su esposa quedaron en pijama. Durante unas dos horas él estuvo sin zapatos, una sensación que le estremece, pues jamás había dado tanto valor a esos detalles que en sus palabras “que damos por hecho”. Unos zapatos, un cepillo de dientes, una taza de café o una casa, las menciona mientras su mente se va a los recuerdos de su hogar que está en ruinas.
En medio del rescate de sus vecinas, alguien logró entrar parcialmente al apartamento. Allí encontraron un maletín que Óskar había preparado para otro viaje a Manizales. Dentro había dos pantalonetas y unos zapatos. Aquellas pocas cosas adquirieron de repente un valor inesperado.
“Recuperé la dignidad con eso”, sostuvo.
La frase parece pequeña frente a la magnitud de la tragedia, pero resume lo que significa perderlo todo de un momento a otro. Una persona puede pasar años acumulando ropa, documentos, muebles, libros, recuerdos, y, en segundos quedarse con dos pantalonetas y un par de zapatos que le devolvieron la sensación de dignidad.
“Quedamos con una mano adelante y otra atrás”, afirmó.
Días después de la tragedia la pareja aún no tiene la certeza de qué ocurrirá con la vivienda ni de cómo recuperar económicamente lo que perdieron, pues son consientes de que la prioridad en este momento de las entidades es seguir salvando vidas, ellos tienen la fortuna de no tener pérdidas humanas y pueden tener paciencia.
A la espera de una solución, tienen algo que para Óskar se volvió fundamental: el amor de sus seres queridos y personas que aparecieron para ayudar. Sus primos y amigos crearon cuentas para recibir aportes. Desde entonces han llegado donaciones de personas conocidas y también de desconocidos, como una muestra de esperanza en medio la sombra de la tragedia.
La otra batalla
La tragedia ocurrió además en un momento particularmente delicado para él. Desde hace algunos meses venía enfrentando episodios de ansiedad. En marzo, mientras trabajaba sufrió una reacción que le inflamó la boca. Después de varias consultas, recibió el diagnóstico de un trastorno de ansiedad leve y comenzó un tratamiento indicado por su médico.
Ahora, en medio de una emergencia que le arrebató su casa y sus pertenencias, esa situación adquiere otra dimensión, no tener sus medicinas en este momento de presión era otra batalla que lidiar.
Por fortuna, cuenta con una red de apoyo que se ha esforzado por cubrirle sus necesidades básicas y en pro de su salud mental, mientras logra construir de nuevo su vida.
En medio de la conciencia de la fortuna que tiene de tener a quien acudir, Óskar insiste en algo que considera importante, hablar de Dosquebradas, un municipio prácticamente unido a Pereira, pero considera que la magnitud de lo ocurrido allí ha recibido menos atención de la que merece.
“Pereira tuvo daños brutales, pero Dosquebradas ha pasado muy desapercibida en medios de comunicación”, afirma.
Él lo dice como periodista, pero también como víctima, porque ahora sabe que detrás de cada edificio afectado hay decenas de historias, algunas incluso de personas que no tienen a donde acudir.
Días después, todavía intenta entender lo ocurrido, pero, hay una frase que repite y que parece funcionar como una promesa: “Salimos adelante. Vamos a salir adelante todos juntos”. Y quizás ese sea el primer ladrillo de la casa que ahora tendrá que volver a construir.
