¿Quién fue Rogelio Salmona? Perfil del arquitecto detrás de las obras que transformaron Bogotá
Rogelio Salmona transformó Bogotá con obras como las Torres del Parque y la Biblioteca Virgilio Barco, hoy reconocidas por su valor arquitectónico.

Hay nombres que aparecen en una ciudad sin necesidad de estar escritos en una placa. Están en sus calles, en sus edificios, en las plazas que la gente atraviesa todos los días y en esos espacios que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva.
Rogelio Salmona es uno de esos nombres. Esta semana, su apellido volvió a aparecer en las conversaciones sobre arquitectura en Bogotá después de que una remodelación en un apartamento diseñado por el arquitecto generara críticas por la modificación de una escalera helicoidal original. El caso abrió nuevamente el debate sobre los límites entre transformar un espacio privado y conservar una obra con valor arquitectónico.
Pero detrás de esa polémica hay una historia mucho más amplia. ¿Quién era el hombre cuyo nombre provoca hoy una discusión sobre qué puede cambiarse y qué debería conservarse?
¿Quién fue Rogelio Salmona?
Rogelio Salmona nació en París en 1927, pero fue en Colombia, especialmente en Bogotá, donde desarrolló buena parte de su vida profesional y construyó el legado por el que es considerado uno de los arquitectos más importantes de América Latina.
Comenzó sus estudios de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. En 1948 viajó a Francia y allí terminó vinculándose al taller de Le Corbusier, uno de los grandes referentes de la arquitectura moderna. Durante aproximadamente nueve años trabajó en ese entorno y complementó su formación antes de regresar a Bogotá en 1958.
El regreso a Colombia marcó un punto decisivo. Salmona no se limitó a trasladar las ideas que había conocido en Europa. Comenzó a desarrollar una arquitectura propia, relacionada con el lugar donde construía y con la manera en que las personas podían recorrer y apropiarse de los espacios.
La Fundación Rogelio Salmona destaca precisamente esa búsqueda del lugar, entendido no solamente como un terreno, sino como un espacio atravesado por su historia, su geografía y sus características sociales. Ahí comenzó a aparecer el Salmona que hoy reconoce Bogotá.
¿Qué hizo diferente a su arquitectura?
Hay una imagen que suele aparecer cuando se habla de Salmona: el ladrillo rojo. Pero reducir su arquitectura al ladrillo sería quedarse apenas en la superficie.
El material fue importante, sí, pero también lo fueron el agua, las plazas, los recorridos, las rampas, las escaleras, los patios y la manera de conducir al visitante de un espacio a otro. Su arquitectura buscaba que los edificios no fueran únicamente estructuras para habitar, trabajar o estudiar, sino lugares para encontrarse.
La propia Fundación señala que su obra incorporó materiales como el ladrillo, la piedra y el hormigón y que mantuvo como una preocupación constante la relación entre arquitectura, contexto y espacio público.
Por eso, cuando se camina por algunas de sus obras, la experiencia no consiste solamente en mirar una fachada. Hay recorridos que obligan a avanzar, girar, subir, bajar o detenerse. En esa manera de construir aparece una de sus grandes preocupaciones: la relación entre las personas y la ciudad.
Salmona también estuvo interesado en la historia y en las raíces latinoamericanas. Su arquitectura dialogó con elementos de distintas tradiciones y con las características propias de los lugares donde intervenía. En lugar de intentar borrar lo que encontraba, buscaba incorporarlo.

La Biblioteca Virgilio Barco fue diseñada por Salmona y fue inaugurada el 21 de diciembre de 2001. Tomada de redes sociales
¿Cuáles son sus obras más conocidas?
La lista de obras de Salmona ayuda a entender por qué su nombre quedó tan ligado a Bogotá. Una de las más reconocidas son las Torres del Parque, un conjunto residencial que comenzó a transformar la relación entre vivienda, paisaje y espacio público en el centro de la capital. El proyecto, conocido inicialmente como Residencias El Parque, fue uno de los trabajos que consolidaron su lenguaje arquitectónico.
Después llegarían otras obras fundamentales. Está la Biblioteca Pública Virgilio Barco, inaugurada en 2001, donde el edificio se integra con jardines, caminos, agua y espacios abiertos. También está el Archivo General de la Nación, reconocido por el uso del ladrillo y por su composición arquitectónica.
A esa lista se suman el Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, el Centro Cultural Gabriel García Márquez, el conjunto de Nueva Santa Fe y la Casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena.
Cada una tiene características particulares, pero juntas permiten reconocer una constante: Salmona entendía la arquitectura como una forma de relacionarse con el territorio.
¿Por qué su legado sigue siendo importante?
La respuesta está, en parte, en lo que ocurre actualmente con su obra. Mientras una intervención en un apartamento vuelve a generar una discusión sobre qué significa conservar una creación arquitectónica, Colombia avanza con una candidatura ante la Unesco para reconocer internacionalmente cuatro obras de Salmona. El expediente incluye Residencias El Parque, el Archivo General de la Nación, el Edificio de Posgrados de la Universidad Nacional y el Parque Biblioteca Virgilio Barco.
La candidatura será evaluada durante 2026 y la decisión final está prevista para 2027. Es un contraste que resume bien el momento actual: mientras algunas de sus obras buscan convertirse en patrimonio mundial, otras enfrentan las tensiones propias de una ciudad que cambia y de espacios privados que también necesitan adaptarse.

Torre de los Vientos, una de las obras de Rogelio Salmona en Cartagena. Tomada de redes sociales
Salmona murió en 2007, pero su arquitectura continúa presente. Está en el ladrillo que aparece una y otra vez en el paisaje bogotano. Está en los caminos de la Biblioteca Virgilio Barco, en las formas de las Torres del Parque, en los espacios del Archivo General de la Nación y en las obras que siguen siendo estudiadas por nuevas generaciones de arquitectos.
Quizá por eso la reciente polémica terminó siendo algo más que una discusión sobre una escalera. Volvió a poner sobre la mesa una pregunta que permanece abierta: ¿qué ocurre cuando una obra deja de ser solamente el espacio privado de quien la habita y empieza a formar parte de la memoria de toda una ciudad?
En el caso de Rogelio Salmona, esa frontera es especialmente difícil de ignorar. Su arquitectura no buscó simplemente ocupar un lugar en Bogotá. Buscó, durante décadas, hacer ciudad.
